Las Navas del Marqués a 16 de octubre de 2021   

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MILA HIGUERAS
EN UN RINCON DEL PENSAMIENTO
  Taller de periodismo  | 10 de julio de 2013

EN UN RINCON DEL PENSAMIENTO

Esta fantasía ha sido creada en los alrededores de
Las Navas del Marqués.
El cuento lo crea mi imaginación.
Algunos de los nombres son verdaderos, pero los hechos que se narran son una mera fantasía.
La paz, la magia y la energía que este pueblo y sus gentes ejercen en mí es lo que me ha llevado a dar vida a esta historia.
Y también por el enorme cariño que les tengo a toda mi familia Arcones-Sastre que tengo allí.

EN LOS MOMENTOS MAS LIMITES SIENTES ESA FUERZA EXTRAÑA QUE NO SABES DE DONDE VIENE

Fotografías. Juan Alberto Arcones Sastre

Dedicado a mi suegro Benigno, el cual está orgulloso de su pueblo.

A Juan Alberto Arcones Sastre mi marido y mi amigo,
ya que sin él no habría sido posible descubrir y disfrutar
de Las Navas y los naveros.
Gracias

Me dirigía hacia el pueblo de nuevo, recordando cuando el acceso hasta él por carretera era abrupto y pedregoso, pero al ir acercándonos el paisaje cambiaba.
Kilómetros de curvas que luego se transformaban en un paraje idóneo para el sosiego, el paseo, la tranquilidad y el recogimiento del alma.

Sus montes, sus travesías y sus caminos eran un delicioso postre para la vista.
La sensación al llegar fue igualmente un placer infinito para los sentidos.

Y de la misma manera que cuando era pequeña y en el mismo punto donde se encuentra el puente del río Cofio, -y sin poder evitarlo-, mi garganta y mis cuerdas vocales se unieron en un enorme grito de alegría y entusiasmo….¡Que ya llegoooo!

Trabajaba doce horas diarias para evadirme, pero también para dar sentido a mi vida. Este trabajo era lo que siempre había anhelado y por fin era una realidad.
Me apuntaba a los tres turnos que tenía el Centro Asistencial Ciudad Ducal en días alternos, por lo que la mayoría del tiempo lo pasaba allí.

El turno de la mañana corría deprisa; los internos tenían la mañana ocupada con talleres de manualidades y expresión corporal.
La hora de la comida llegaba con gran revuelo, todos querían sentarse en los primeros sitios cerca de los ventanales. Yo les comprendía.
A través de ellos veían los pinos y los alrededores verdes que daban esa imagen de normalidad que rodeaba todo el edificio.

El turno de tarde era muy divertido, salíamos por el pueblo de paseo o cruzábamos la dehesa recogiendo piñas, cuyos piñones empleábamos para hacer ricas galletas que vendíamos en el colegio.

Otras veces visitábamos el castillo de Magalia, usábamos sus pistas y sus pabellones para hacer algo de deporte. También nos desplazábamos hasta sus numerosas fuentes. Los famosos manantiales que rodeaban y abastecían el pueblo con su riquísima agua. Tenían unos nombres muy curiosos: La olla del Moreno, la fuente del Saúco, la fuente de la Tortuga. Todas ellas se encontraban a las afueras del pueblo y muchas veces nos topábamos con vacas y caballos sueltos -dóciles y apacibles- que pastaban a sus anchas, entre los numerosos robles.

También acudíamos en el verano a la típica y conocida heladería. Sus helados artesanos y hechos en el pueblo eran de todos los sabores inimaginables. Los chicos se chupaban los dedos de gusto saboreándolos.

Al regresar al centro de Ciudad Ducal todos habían disfrutado enormemente. El paseo les encantaba y salir por el pueblo era magnifico y yo también disfrutaba con ellos.
El turno de noche tenía su encanto; muchos dormían, pero algunos esperaban que los que estábamos de guardia jugásemos con ellos largas partidas de dominó. A veces duraban varias noches consecutivas ya que tampoco se les permitía salirse de las normas a la hora de acostarse.

También les encantaba que les leyésemos los famosos relatos de la historia secreta del castillo o que hiciésemos un chiste con la peculiar historia del fantasma del convento, que resultó ser una lechuza metida en su interior, cuyos graznidos hizo famoso al pueblo, creyendo que albergaba algún alma en pena.
Todos los internos eran personas jóvenes, chicos que habían llegado al mundo con alguna discapacidad. Les creía como de mi familia.

Todos ellos se ganaban la vida, no eran personas con grandes deficiencias, por lo cual nuestro trabajo era muy satisfactorio.
Tenían muchas ganas de aprender y de ayudar en todo, y lo más importante: nos enseñaban día a día que desde `un rincón de su pensamiento´ querían demostrar que son personas útiles, autónomas y con ganas de vivir.

Dado su enclave el centro podía disfrutar de numerosas actividades al aire libre por lo que incluso en invierno los internos disfrutaban de una vida con la libertad que da entrar y salir de él.
Todo lo contrario de lo que supone estar recluidos en un lugar inaccesible. Éste no era el caso de este maravilloso colegio.
En los talleres de manualidades hacíamos muchísimas cosas: convertíamos las cajas de puros, que nos regalaban en el estanco, en preciosas cajitas joyero que decorábamos con las chispeantes cáscaras de huevo trituradas, y más tarde rematábamos con barnices de colores.
También repujábamos estaño, con el que formar abanicos, flores y cuadros.

Convertíamos parrones de cristal (aquellos enormes recipientes que contenían vino) en verdaderas obras de arte; lámparas y jarrones que más tarde vendíamos en un mercadillo artesanal.
Los habitantes del pueblo nos daban todo su apoyo y por supuesto nos ayudaban materialmente con sus compras.
Hacían que la vida de estos muchachos tuviesen un aliciente y un sentido, naturalmente ganado a pulso por ellos.

Trabajábamos veinticinco personas ,además de los médicos que los atendían. Éstos eran especialistas que creían en la reinserción y no usaban tratamientos que pudieran anular su pensamiento. Apostaban por el ser humano, por una vida digna y llena de sensaciones. Los chicos no precisaban medidas drásticas de seguridad.
Las puertas no estaban cerradas, las ventanas tenían sus protecciones pero no parecía una cárcel. Íbamos vestidos sin uniformes, como en un colegio público. Un colegio especial para personas especiales.

En un rincón de mi pensamiento también yo podría haber sido como ellos. Hacía treinta y un años, cuando yo nací, venía acompañada de mi hermana melliza, nacida en diferente bolsa y dos minutos más tarde que yo.

Tenía una pequeña deficiencia que hizo que nuestros juegos de niñas se separaran al cumplir los diez años. A ella la trasladaron a un colegio especial y yo, al acabar mis estudios, seguí con mi particular carrera. Lo tuve siempre muy claro. Iba a estudiar para en cuanto pudiese `reanudar mis juegos con ella´.

Al acabar mi carrera el centro ya estaba terminado.
Un adinerado empresario que veraneaba en la sierra en un precioso chalet de una zona residencial tuvo un hijo discapacitado. Al comprobar que había numerosas instituciones con grandes lagunas y lados oscuros tuvo la osadía y la valentía de crear lo que yo habría soñado: construir para vivir, trabajar y desarrollar todas las posibilidades de mi hermana y personas como ella.

A este señor se le ocurrió la gran idea de crear este lugar. Su papel fue decisivo en la vida de estos chicos.
Nuestros juegos se reanudaron por fin y nuestras vidas
permanecen unidas con el gran lazo que proporciona el amor
desinteresado por ella y por todos los demás.

Mila Higueras


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 3 comentarios
  • image
     EN UN RINCON DEL PENSAMIENTO  24 de julio de 2013 00:48, por Alberto

    gracias por vuestra palabras me llena orgullo que os guste
    gracias y besicos
    MIla

  •  EN UN RINCON DEL PENSAMIENTO  11 de julio de 2013 18:51, por Mago Blanco

    Da gusto el poder compartir, espacio con semejantes plumas como las del Taller de Periodismo, y en este caso la tuya.
    Enhorabuena,precioso.

  • image
     EN UN RINCON DEL PENSAMIENTO  11 de julio de 2013 13:29, por Ana Gómez

    Una bonita historia inventada pero fácilmente realizable, solo falta el dinero lo demás lo tenemos. quizá un día lo veamos de verdad
    Un beso Mila

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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 10 de julio de 2013

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