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ESPECIAL CIUDAD DEL GOLF. OTRO CUENTO EN NAVIDAD
Y QUE TENGA YO QUE DECIR QUE ERES BUENO
  Juanjo  | 21 de diciembre de 2012

Quiero aprovechar como prólogo a este cuento el chascarrillo que me contó un afable segoviano de adopción. La retranca es a Segovia lo que a Ávila el conformismo. Es curiosa la mansedumbre que tenemos con ciertas conductas dudosas de legalidad. 

Cuentan que un gitano tratante de ganado se disponía a vender el burro en el mercado del viernes. Pero cada vez que éste subía al animal, no transcurridos diez minutos, el jumento se paraba y no había más modo de hacerlo andar que darle con la vara. No menos de diez veces utilizó la misma medicina hasta que al llegar a destino se apeó del asno y le dijo arrimándose a sus orejas: Y que ahora en la feria tenga, por venderte, decir que eres bueno….

Para situarnos en el principio del cuento diré que arranca allá por el cambio de milenio, cuando todos andábamos acobardados porque en el 2000 los ordenadores, ascensores y todo tipo de artilugios electrónicos no `iban a saber´ saltar de dígito y volverían al 1900. 

En aquella mañana se abrió de par en par la ventana del viejo Ayuntamiento. Entró por ella una brisa de modernidad que ya atisbaban los periódicos en sus noticias de portada. No había día que no se estrenara un nuevo edificio municipal, un fastuoso polideportivo o una rotonda con adorno estrafalario en el centro. El preboste estaba dando vueltas a la cabeza. Él tenía que ser más que nadie, su proyecto tenía que ser faraónico. Lo tenía todo previsto: crearía un parque temático de moda – un campo de golf, por ejemplo-, le daría un nombre y buscaría un promotor. 

“Eso es, crearé una ciudad en medio del pinar, La Ciudad Verde….. no, eso no, que habrá que talar cantidad de pinos…. Ya está… La Ciudad del Golf”, resolvió al final el mandamás. Sólo falta alguien que quiera poner la viruta, cavilaba mientras encendía uno sus puros habanos.

La ingeniería financiera es una labor que entraña un encaje de bolillos donde todas las piezas han de casar. Mucho trabajo para fundar una empresa “ajena” al consistorio, que esa empresa busque comprador y que aquellos que tienen que dar los permisos sean parte del negocio. Sin olvidar que los vecinos tienen que seguir avalando con su voto cuatrienal el suntuoso proyecto.

Al mismo tiempo la comedia `Ninnette y un señor de Murcia´ triunfa en los teatros madrileños. En la versión cinematográfica de José Luis Garci, Elsa Pataki (Ninnette) no deja salir del apartamento parisino al señor de Murcia. Pero en nuestro cuento el promotor murciano se escapa del piso y se acerca al pueblo con una maqueta para que todos los vecinos se convenzan del proyecto. Sólo hay un “pequeño” problema: su negocio no entra dentro de la parcela que la empresa vende. Las 95 hectáreas no son suficientes. “Tengo preparados los mil millones apalabrados, pero necesito otras 95 para el proyecto”, reclama el murciano.

“Déjalo en mis manos”. Estas te las pongo a 7 euros el metro. Las demás cuando te las recalifique, a 3, así te sale más baratillo. Para que veas que tengo interés en tu proyecto. 

 “Si, pero… ponte en lo peor… imagina que tus amigos no te lo recalifican… “Nada, chico, hacemos un acuerdo transaccional y te lo devuelvo…” le tranquiliza el tosco regidor mientras se coloca la chaqueta sobre los hombros. 

Mientras, un grupo de ociosos técnicos de medio ambiente juegan a los dardos a ver qué zona de protección ecológica desclasifican para otro de esos interesados megaproyectos. En un mapa llegan casi, casi a pinchar en el límite de la Comunidad. Adiós, cigüeña negra, te tocó…. Mala suerte. 


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- Artículo realizado por Juanjo
- Publicado el 21 de diciembre de 2012

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