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PROYECTOS Y VISIONES
CIUDADANOS PROFESIONALES I
  Mariano Moral  | 4 de agosto de 2011

Dice Miguel Delibes en la introducción a su Primavera de Praga, donde analiza el complejo intento de transformar un estado totalitario en una democracia socialista que los checoslovacos llevaron cabo durante la primavera del 68, que conocidas son mi inexperiencia política y económica para afrontar un problema de tanta enjundia como éste. Pero los hombres de la calle no debemos retraernos de exponer nuestras observaciones ante otros hombres de la calle. En definitiva, el hombre de la calle es el beneficiario o la víctima de estos vaivenes políticos y, por otro lado, es este diálogo de aficionados, me parece, la única manera, por el momento, de que el susodicho hombre de la calle pueda comprender la importancia de ser hombre –aunque sea de la calle—y la trascendencia de su destino.

Ese por el momento incrustado en el texto me resulta una puerta abierta al porvenir, a un porvenir que hoy se transforma en presente. El diálogo de aficionados basado en la mera suposición, dada la carencia de información, transparencia y, sobre todo, educación, hoy ha de ser un debate constante y comprometido entre ciudadanos “profesionales” que tienen al alcance de su mano información y educación, sobre todo educación democrática, y que sobre estos pilares quieran construir una sociedad transparente donde cada hombre y cada mujer desempeñe un papel decisivo. Las personas tenemos la responsabilidad, el derecho y la oportunidad de pasar de beneficiarios o víctimas de estos vaivenes políticos a parte activa y comprometida del ejercicio político. A día de hoy nuestra sociedad está preparada para tal cambio y si el proceso, tal vez largo y complicado, que nos lleva hasta esa democracia real que proclama el 15-M se demora o es aplastado, pronto la democracia quedará como reliquia en los museos del mundo dejando el poder en manos del club selecto de la elite que controla las organizaciones supranacionales (OTAN, FMI…) que, a pesar de no ser representativas, gobiernan el mundo a sus anchas.
Pensarán ustedes que nosotros somos gotas de agua en medio del océano. Todo esto da un poco de vértigo, ¿verdad? Siéntense, tomen aire, y dejen de pensar en el apabullante mundo. Vayamos a nuestro pueblo.

En nuestra comunidad encontramos el continente donde podemos y debemos empezar a trabajar, a ser ciudadanos “profesionales”. Este es lugar donde la democracia de participación ciudadana puede hacerse efectiva a corto plazo, donde la transparencia como base de la participación es fácilmente realizable y donde nuestras ideas pueden contribuir decisivamente a la regeneración de la democracia. Aquí, en Las Navas, las gotas de agua se pueden juntar y formar un embalse y esa, sin duda, ya es una gran contribución para el mundo. Pero para que esto suceda se debe transformar nuestro ayuntamiento. La forma de gobierno que hemos tenido durante todo este tiempo no hace si no alimentar nuestras más bajas motivaciones. Este es uno de los puntos en común que tienen los que gobiernan nuestro pueblo y los que lo hacen en el mundo. ¿Qué significa esto? El poder, basado en un sistema de votación que beneficia la creación de mayorías absolutas, recae sobre un individuo (digo individuo por que en los pueblos rara vez el alcalde representa el ideario de un partido si no el suyo propio), este individuo para mantenerse en el poder absoluto destruye el alma comunitaria que se supone ha de tener un pueblo y enfrenta a los ciudadanos mediante un sistema de favoritismos y decisiones arbitrarias. Esto inmediatamente conlleva que los ciudadanos empiezan a enfrentarse entre sí por envidias, rencores, favores, etc., olvidando la necesidad lógica de luchar en común y en la misma dirección para obtener un beneficio general (y quiero recalcar general, porque no estoy hablando de expropiar ni controlar a nadie a título individual si no que dentro del ámbito de la comunidad y su gobierno todo el mundo tenga las mismas oportunidades y beneficios). El alcalde divide, vence y se queda con el botín, amparado siempre en la nula participación democrática del ciudadano, en la no-obligación de dar explicaciones y en la absoluta falta de transparencia de la institución a la que “representa”.

¿Qué hacer? A grandes pinceladas, y tocando solo puntos clave, creo que debemos empezar por cambiar el concepto que tenemos de alcalde y pasar a llamarle gestor. A pesar de ser elegido por votación este gestor debe ser revocable en todo momento si se demuestra que su trabajo es negligente, de mala fe. El gestor debe estar acompañado por otros gestores subalternos (concejales que provengan de un sistema de votación de listas abiertas) cuyo trabajo se especialice en las diferentes áreas que forman actualmente las concejalías.
Bajo estas premisas se han de gestionar las iniciativas (dirigidas a todas las áreas) de los vecinos organizados en asociaciones ( de barrios, por ejemplo) y verificar si son viables y si pueden ser mejoradas en comisiones abiertas formadas por los gestores y los respectivos representantes-portavoces de estas asociaciones vecinales, todo bajo un sistema de votación directa.
Respecto a gestión diaria del ayuntamiento y los proyectos, con todas las tareas concernientes a estos, debe estar llevada a cabo por profesionales cualificados que tengan voz en las comisiones para explicar, proponer, corregir y, en caso de irregularidad, denunciar. Estos profesionales deben ser igualmente revocables en caso de negligencia, mala fe o parcialidad.
Toda información referente al ayuntamiento y el gobierno debe ser completamente transparente y accesible a cualquier vecino, por ejemplo a través de publicaciones que expliquen claramente todas las materias, proposiciones y proyectos (sobre todo en materias económicas y jurídicas que usan terminologías complicadas).
Los estatutos de las asociaciones vecinales tienen que tener como punto clave el principio de solidaridad, obligando así a hacer prevalecer siempre los intereses de toda la comunidad en detrimento de los de un área concreta y que se cumpla, valore y ejecute éste principio debe ser tanto responsabilidad de los representantes-portavoces de las asociaciones como de los gestores.

Esta es la única vía para evitar el lucro, el favoritismo y la arbitrariedad, la única vía para hacer prevalecer el interés común sobre las bajas motivaciones y, por tanto, el camino hacía una justicia que hoy se nos niega en redondo.
Pero sabemos que no se llega aquí de la noche a la mañana. Es un proceso, y como todo proceso requiere un comienzo y unas guías. Queda patente que ni el actual alcalde ni su plantel de concejales están por la labor de empezar a trabajar en este sentido. Ellos dicen que son representantes electos y que eso les da autoridad para gobernar a sus anchas. Un truco, este, de ámbito nacional e internacional. La realidad es que ni siquiera escuchan a sus electores, a quienes han regalado durante varios mandatos un plantel de promesas incumplidas. Es más, es innegable el hecho de que, en democracia, un voto legítimo tiene que estar basado en información plena y transparente, y nadie puede negar que a día de hoy, en nuestro pueblo y en nuestro país, los ciudadanos somos sobornados y embaucados con marketing o falsos proyectos para que los políticos consigan lo único que quieren: el voto. Yo me atrevo a decir que todo voto obtenido bajo estas premisas es antidemocrático porque solo tiene como base la ignorancia de los asuntos de gobierno o el interés personal que alguien pueda tener en dar su voto a éste o aquel. El único voto válido es el de una ciudadanía integrada plenamente en el gobierno a través de una información veraz y transparente, una ciudadanía que dispone de datos y hechos objetivos para juzgar y decidir a quién entrega su voto. Sin embargo a día de hoy, y gracias a nuestros políticos, todavía somos hinchas en vez de ciudadanos. Aun así, vayamos despacio y con buena letra.

Tal vez el vértigo vuelve a aparecer, ¿por donde empezar?, pensará usted, dirá que el mundo es grande y complicado y, quizá, por efecto del mareo que empieza a sentir y a hacerse más y más agudo, empiece a creer que nuestro pueblo no lo es menos. Tal vez piense que todo esto es muy bonito y todo eso, pero a mí que me dejen de pamplinas. O quizá se esté riendo de tan estúpido proyecto, que tontería, dirá, aquí solo sobrevive el más listo, así es la vida, ¿pero que coño se piensan estos?, donde yo puedo medrar para que voy a dejar que medren otros. Vértigo, indiferencia, desprecio, cualquiera de estas cosas puede sentir usted hacía un cambio que cada vez se hace más inevitable. Y sin embargo estoy por asegurar que no desearía que nadie sintiera ninguna de esas cosas por sus hijos o por sus nietos, no les desearía sufrir el miedo ni el odio, ni un pueblo donde unos devoran a otros.

Ahora tal vez sea cosa de preguntarse otra vez, ¿por donde empezar? La persona. El contenido. El comienzo está en el Naver@ que encuentra la oportunidad de ser educad@ democráticamente y que encuentra la base para desarrollar el ejercicio de gobierno. Este es el kilómetro cero desde donde el susodicho hombre de la calle pueda comprender la importancia de ser hombre –aunque sea de la calle—y la trascendencia de su destino. De aquí partiremos en el siguiente artículo.


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