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VEREDICTO
El Juez Pedraz: la democracia contra "la clase".
  Mariano Moral  | 5 de octubre de 2012

Con una mezcla de sorpresa y satisfacción leemos hoy el auto del Juez Pedraz. No sabemos nada de él, y sin embargo no dudamos en afirmar que a partir de hoy se va a convertir en un apestado. Lo que más impacta de su veredicto no es su alegato por la libertad de expresión (que suena más bien a recordatorio… ¿a quién se le habrá olvidado?) si no el bochorno que le produce que sea el mismo gobierno quién haya querellado a unos ciudadanos por llevar a cabo su derecho dentro de los marcos establecidos constitucionalmente. Incluso va más allá: justifica y ve normal que haya gente cabreada dada “la decadencia de la llamada clase política”.

El Juez Pedraz parece alarmado, sin embargo su verdadera intención es alarmar; encender la luz roja que indica que (sin especificar las causas y los fines, aunque todos los sabemos) alguien, algunos, esa “clase” no solo está anulando los principios democráticos establecidos si no que está traspasando sus límites para adentrarse premeditadamente en el totalitarismo, lo cual, de manera incontestable, es signo de que los políticos actuales están en “decadencia”; o lo que es lo mismo, en clara cadencia dictatorial.

¿Cómo se habrán puesto el señor Madina y el señor Elorriaga al leer el auto del Juez Pedraz? Hace unos días ambos diputados concedieron una entrevista conjunta a El País (en otro artículo la desgranaremos a fondo, que tiene miga) durante la cual se cansaron de repetir que no existe una clase política y que ellos son simplemente ciudadanos. También dejaron claro (claro para ellos) que quien ataca a los políticos representativos está atacando a la democracia. Pero en lo que más énfasis pusieron es en vendernos que la soberanía del pueblo descansa en ellos y no en el mismo pueblo.

Lo que no parecen querer comprender, y ni siquiera un auto judicial conseguirá que comprendan, es que adjudicándose la soberanía (cuando ellos solo son administradores de esa soberanía), rechazando en redondo el clamor de una ciudadanía que se sabe madura para participar activamente y está decidida a hacerlo, renegando del acercamiento del pueblo a las instituciones y criminalizando las voces populares discordantes, son ellos mismos los que con esa actitud fortalecen en a diario su condición de clase, es decir, un grupo específico de la sociedad que está claramente diferenciado del resto. Y lo que es peor, un grupo que está por encima del resto. Y lo que es mucho peor, un grupo que está sometido a otro grupo que es la antítesis de la democracia, a saber, la clase capitalista, esos acumuladores de riqueza profesionales más comúnmente llamados financieros y magnates.

Efectivamente, el Juez Pedraz nos pone sobre aviso. La clase política esta haciendo reaccionar el sistema en su versión autoritaria en vez de revolucionarlo en su versión democrática. El principio fundamental de la filosofía democrática es que una democracia siempre es mejorable. Y toda mejoría pasa por que una ciudadanía cada vez más madura y preparada empiece a participar activa y decisivamente en el sistema democrático y le haga avanzar en el sentido de la transparencia y la justicia social. Ya no necesitamos más políticos paternalistas que nos lleven de la mano susurrándonos al oído que la democracia que tenemos es inalterable y que siempre vamos a necesitar delegar todo el poder en alguien que diga representarnos. Este es otro de los motivos por los que son “clase”, una clase superior (aunque no la suprema).

Para defender su clase, y la clase ante la que ellos se arrodillan, nos llenan la cabeza de fantasmas y miedos. El más habitual es asegurarnos que los que les atacan solo buscan instaurar un infierno totalitario y destruir la democracia, en otras palabras, que ellos son los baluartes de la democracia y la democracia misma. Aquí el Juez Pedraz les pone la puntilla definitiva: los imputados, entre ellos Dani, han sido declarados inocentes; y lo que es más importante: lo son; y lo que es aun más importante: su inocencia demuestra sin duda la culpabilidad de esta podrida clase política.


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