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UN NUEVO CONCEPTO
Responsabilidad
  Mariano Moral  | 28 de septiembre de 2012

Hay que ser responsables. Esta es la voz que sale constantemente de todos los transmisores que nuestro sofisticado Big Brother ha colocado en nuestros salones de estar, en nuestros lugares de trabajo, en las calles, en los bares, en las tiendas, en cada baldosa que pisamos y en todas las bocanadas de aire que a trancas y barrancas respiramos.

Responsabilidad, una palabra llevada intencionadamente por los plutócratas hasta los cofines de la ambigüedad, hasta ese oscuro lugar donde ellos y sus secuaces mediáticos la tornan primero en chantaje, y finalmente en miedo. Responsabilidad es la expresión más bastardeada de los últimos años. Cuando buscamos sus definiciones en el diccionario comprendemos que todas están desfasadas. Curiosamente, ahora la palabra adquiere un significado que es un popurrí de todas las definiciones que antiguamente eran contrarias a ella. Veamos algunos ejemplos prácticos.

Antiguamente, según la definición, a los responsables de un acto criminal se les consideraba negativos para la sociedad y, al menos en la teoría, se les obligaba a asumir su culpa y el castigo consiguiente, esta era la noción de responsabilidad en este caso. Sin embargo, de un tiempo para acá, la responsabilidad en las acciones criminales (no de todos, claro, solo de las elites) se considera una acción honrosa y beneficiosa para la sociedad y es recompensada con premios de hasta 500.000 Euros/año. Por lo tanto aquí el término responsabilidad pasa a ser positivo y deseable: si antes los chorizos no querían ser vistos como responsables de sus actos ahora lo piden a gritos. Tal es el caso los especuladores y magnates bancarios.

En otros tiempos, seguimos en el terreno de la teoría, los políticos estaban moralmente ligados a los compromisos que adquirían y tenían la responsabilidad de llevarlos a cabo; según la definición, estaba considerado como irresponsable que hicieran lo contrario de lo que prometían y era una absoluta falta de responsabilidad que no persiguieran otro fin que el del bienestar de la sociedad en conjunto. Tal responsabilidad adquirida debía obligarles a renunciar a su puesto y responder de sus acciones en caso de que incumplieran las premisas anteriores. En nuestros tiempos este concepto de responsabilidad está obsoleto, ahora los políticos “responsables”, y por supuesto bien vistos como tales, son los que consiguen mayorías absolutas a base de mentir y su nuevo concepto de responsabilidad se va fortaleciendo a medida que incumplen sus compromisos, se llenan los bolsillos, desencadenan el malestar social y gobiernan para una minoría elitista.

Antes encontrábamos que un ciudadano responsable era definido no solo como el que respetaba a sus semejantes, si no como el que se alzaba contra las injusticias sociales, contra los abusos y los totalitarismos políticos, contra la corrupción masiva y el monopolio de los plutócratas y, por encima de todo esto, el ciudadano que deseaba participar activamente en el gobierno de su sociedad. Según los nuevos usos de la palabra responsabilidad, ahora un ciudadano responsable se debe quedar en casa frente al televisor gritando salvas a los gobernantes y magnates corruptos, y solo debe abandonar su hogar para ir a dejarse explotar, explotar a alguien, gastarse todo el dinero que no tiene en consumir lo que no necesita, visitar el estadio de fútbol y acercarse de vez en cuando a un colegio electoral a depositar un papel doblado en una
urna de cristal.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo nuestra lengua progresa eficientemente junto con los tiempos en los que vivimos (tal vez deberíamos contactar con la academia para hacerles notar que el nuevo concepto de responsabilidad es lo suficientemente popular como para que lo introduzcan en el diccionario sustituyendo al anterior), pero lo cierto es que la idea de responsabilidad va mucho más allá de éstas definiciones. Responsabilidad es la mejor forma de introducir el miedo y la sumisión en una sociedad. Nos dicen que si no somos responsables, a su manera, es decir, acatando sus designios como autómatas o como mucho llevándoles tibiamente la contraria, podemos desencadenar una catástrofe y que si no les permitimos ser responsables, a su manera, es decir, defendiendo los intereses de su clase (la clase de los plutócratas), no vamos a ser capaces de gobernarnos y esto se va a la ruina y al caos.

Esta es la semilla del miedo, y con una sociedad atemorizada vale todo porque hagan lo que hagan, mientan lo que mientan, roben lo que roben, repriman lo que repriman, al día siguiente no tienen más que apelar a la “responsabilidad” directamente o a través de sus periodistas “responsables” para que las aguas vuelvan a su cauce.


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 1 comentario
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     Responsabilidad  29 de septiembre de 2012 00:10, por Isue Amigo

    La responsabilidad ciudadana a la que se apela desde arriba es el ejercicio de corresponsabilidad inmovilista con la indiferencia.En definitiva, un estado de letargo lisergico colectivo.Así nos luce el pelo.

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