Las Navas del Marqués a 2 de junio de 2020   

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EL PUENTE DEL CORONAVIRUS
  Juanjo  | 12 de marzo de 2020

España es diferente. No hace falta ponerlo en inglés, así lo afirmamos todos con conocimiento de causa. Podemos tener muchas cosas buenas, pero hay algo que nos mata como sociedad y como pueblo: la retranca, el chascarrillo, la sátira.
Sacamos chistes de cualquier tragedia, aunque sea propia, con el humor hacemos más soportable la presión de la olla, y aguantamos, y aguantamos, hasta que nos toca lamentarnos. El que no tenga veinte memes sobre el coronavirus que levante la ceja derecha.

Estos días, desde la toma de medidas por parte de la Comunidad de Madrid acerca de la pandemia, ya oficial desde ayer 11 de marzo -curiosa coincidencia-, miles de niños, abuelos y padres teletrabajadores han hecho su éxodo particular desde la gran capital al pueblo. Ahora tener o ser de pueblo es un privilegio. Como si estuviésemos en agosto, o en un larguísimo puente, las tiendas vuelven a tener colas de carros a rebosar. Me cuentan en un supermercado local que Ciudad Ducal está casi en niveles veraniegos, estamos todos aquí.¡ Oee, oee, oee, coronavirus, oee, oee!

El miedo es libre y por supuesto está bien visto -a no ser que sea inmigrante huyendo de una guerra o de la miseria-, siempre que tenga uno la oportunidad, el huir de la quema; es lícito que habiten su segunda vivienda para tranquilidad propia e intranquilidad de los vecinos habituales que ya ve menos problemáticos a los extranjeros que a los madrileños exiliados sanitarios. El problema no es éste, el convivir con un grupo de personas de riesgo, porque antes o después en Las Navas tendremos un positivo en coronavirus, después dos, más tarde unas docenas, y el mal estará extendido sin remedio, colapsando un centro de salud que en esta época del año no está preparado para una avalancha de ciudadanos. Quizás ya los tenemos porque los síntomas se manifiestan a los diez, doce días.

Hoy mismo pasando por la Principal no era dificil ver algunas parejas con niños en triciclo, con niños en bici, llenando de vida los parques, compartiendo con otros niños el tobogán, el columpio, agarrando el mismo plástico, la misma madera, las mismas piedras que, durante doce días, dicen, será el lugar de espera del coronavirus a la espera de otro niño, un adulto o un abuelo confiado.

Las Navas se llena inusualmente en un mes de marzo de vida. O quizás de coronavida. Que Dios reparta suerte y nos pille confesaos.


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