Las Navas del Marqués a 16 de noviembre de 2019   

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DANIEL F. IBÁÑEZ
Capitulo X- El corazón de las sombras
  DANIEL FRAILE  | 11 de septiembre de 2017

Al cruzar el marco de la puerta, esta se cerró de golpe; traté de abrirla de nuevo; parecía estar atascada, finalmente cedió. Pero al otro lado ya no había un pasillo lleno de cuadros, sino una diminuta despensa con escobas y utensilios de limpieza.

Valery me llamaba. Di media vuelta y la seguí. Estábamos en un estrecho y oscuro pasillo, apenas se podía distinguir lo que había delante de mis ojos, además percibíamos el aire enrarecido. Llegamos hasta una puerta de color morado, parte de la madera parecía estar quemada; al entrar vi algo que me llamó la atención.

Desde que estaba en la mansión era la primera vez que veía la luz del día. Fui corriendo hacia la ventana y me asomé. Un orbe brillante se podía distinguir entre una espesa bruma que cubría a mansión. Un inmenso bosque lo rodeaba todo. Cuando miré hacia abajo pude ver a Lisbeth con otras tres personas; parecían huir de algo o de alguien. Desaparecieron por una puerta; yo me quedé mirando por la ventana unos segundos más.

Entonces apareció una sombra, la misma que nos perseguía desde que llegué. No se percató de mi presencia, pero de pronto se paró junto a una fuente, se giró hacia mí y comenzó a gritar. Los cristales de las ventanas se rompieron en mil pedazos.

- ¡Apártate de ahí! -Valery tiró de mí hacia el suelo para que me agachase-. ¿Te ha visto? -preguntó alarmada.

- No..., no lo sé -titubeé.

- ¡Este sitio no es seguro, tenemos que irnos!

La habitación no era muy grande, aunque bien amueblada. Había una estantería llena de libros, la mayoría quemados. También vi una cama y un baúl; este no parecía formar parte del lugar. Toda la sala y el resto de muebles eran de color morado, excepto el baúl, de color verdoso.

Me acerqué para examinarlo más de cerca; estaba cubierto de polvo, pero aún se podía ver la decoración que una mano infantil había grabado. Lo más llamativo eran unas siglas que estaban talladas en cursiva: J y D, con un corazón entre ambas. Me pregunté si la D pertenecería a Dorothy; la J no me sugería nada.

- Valery, ven, mira esto -la paré antes de que saliera de la habitación.

La niña se acercó; al leer el grabado su rostro empalideció.

- Esto, es... ¡Rápido, tenemos que abrirlo, es un comodín para ganar El Juego! -cogió unas agujas para hacer palanca, pero se doblaron.

La cerradura tenía una forma extraña que me resultó familiar; no estaba hecha para encajar una llave sino para introducir un blasón de metal. Entonces recordé el escudo de armas que recogí cuando matamos a la planta. Al insertarlo vi que se acoplaba a la perfección. Cuando la abrí parecía estar vacío, pero oí un latido. Miré de nuevo y encontré algo que estaba tapado por una sábana roja.

Emitía leves sonidos y se movía con suavidad. Lo cogí y lo destapé con cuidado, era un corazón. Estaba ennegrecido, como si lo hubiesen cubierto de alquitrán. Valery lo miraba ansiosa, sus ojos desprendían un fulgor malvado.

- ¿Qué clase de comodín es este? -pregunté.

- El mejor, el corazón de la sombra. Con él la podremos manipular y eliminar rápidamente al resto de jugadores; la partida, al fin, es nuestra.

- ¿Y cómo pretendes controlarla?

- Con dolor -rió y prosiguió-: la sombra nos estará buscando para matarnos, prepárate.

Saqué mi cuchillo y esperé en silencio. Valery cogió el corazón. Durante un par de minutos todo estuvo en calma; de pronto unos pasos se escucharon en el exterior de la habitación. Después se detuvieron frente a la puerta y, tras un horrible estruendo, la sombra la atravesó. Justo antes de que la astuta criatura me clavara las garras en el pecho, cayó al suelo y comenzó a retorcerse.

- Ahora nos vas a servir en el Juego, criatura -dijo Valery en tono despectivo mientras apuñalaba el corazón con una aguja.

(continuará...)

Daniel F. Ibáñez


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