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DANIEL F. IBÁÑEZ
V -La historia de Dorothy
  DANIEL FRAILE  | 30 de abril de 2017

Hace mucho tiempo, una joven llamada Dorothy llegó a Londres con solo tres años. Sus padres se mudaron desde Francia; ella ni siquiera recordaba sus raíces. La empresa de su padre marchaba bien; pronto su familia se convirtió en una de las más pudientes de la capital.

Dorothy creció junto a un niño seis años mayor que ella, era pelirrojo y de tez pálida. Fue abandonado cerca de la mansión donde vivía la familia; lo cogieron y educaron para que fuese su compañero de juegos. Con el paso del tiempo se enamoró de la pequeña. Al descubrirlo Adam y Helen, los padres, trataron de separarlos.

Jack, el niño, se lo tomó como una amenaza. A excepción de Dorothy, su carácter se tornó hostil con los habitantes de la casa. Su mirada afable desapareció; cada día que pasaba se hacía más cínico y actuaba de forma más siniestra. Esto acabó por afectar al resto de inquilinos.

Los padres de la niña terminaron paranoicos. Encerraron a la hija en su cuarto con los juguetes; únicamente su madre podía entrar. Si alguien llamaba a la puerta de su cuarto, o intentaba hablar con la niña, sus padres reaccionaban de forma violenta; dos criados murieron a causa de esto.

Al final Dorothy se quedó sola, ya nadie la visitaba, salvo Jack, pues su amor se había transformado en una insana obsesión. Aun con los castigos siguió hablando con la pequeña. Un día Adam enfureció tanto con Jack que, por accidente, le arrojó por las escaleras; al rodar se golpeó la cabeza con uno de los peldaños. Trataron de reanimarle sin éxito.

La paranoia de los padres aumentó. Dorothy, mientras tanto, seguía sola, sin nadie con quien poder hablar. Una noche volvió a oír la voz de Jack, pero no detrás de la puerta sino a su lado. La joven, durante un tiempo, volvió a ser feliz.

Los padres la oyeron hablar noche tras noche. Pero al entrar estaba sola; pensaron que había enloquecido por la soledad. La enviaron a varios psicólogos. Uno de ellos la sometió a tantas terapias de choque que la destrozaron la mente.

El espectro de Jack enfureció con los padres de Dorothy. La cólera le hizo cambiar. Su cuerpo etéreo se tornó pesado, tanto que se unió al suelo y se transformó en una sombra. Cada vez que alguien lo pisaba aumentaba su tamaño, hasta que un día tuvo la fuerza suficiente para incorporarse. Caminó torpemente por los pasillos y se detuvo ante el cuarto de Adam y Helen.

Derribó la puerta y se abalanzó sobre el marido; instantes después lo estranguló mientras su mujer chillaba. Cuando trato de huir, el espectro extendió su mano y surgieron unas garras que atraparon el corazón de la mujer.

Recorrió la mansión matando a todos los que veía a su paso. Nadie sobrevivió salvo el hijo del carnicero. Este aprovechó que la sombra estaba asesinando a los otros criados para acercarse sigilosamente a ella. En un descuido la roció con aceite y la prendió fuego.

El niño corrió al cuarto de Adam. Cuando llegó y vio la escena se desplomó; no quedaba nadie vivo. Entonces recordó a la niña pelirroja de ojos verdes que hacía tanto tiempo que no veía. Cogió la llave de su cuarto y se fue a liberarla. Sin embargo, cuando abrió la puerta, la niña se asustó y trató de huir.

Vio una ventana, la abrió, se subió a ella, pero resbaló precipitándose al vacío. El joven huyó de la casa y vio cómo ardía desde el exterior. Cuando llegaron las autoridades le culparon a él de asesinar a la familia y de quemar la casa. Fue sentenciado a muerte.


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