Las Navas del Marqués a 26 de septiembre de 2016   

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FACTORIA DE EXPRESIÓN
¿ERES EL HANNIBAL LECTER DE LA PUNTUACIÓN?
  CRIS PLANCHUELO  | 21 de septiembre de 2015

Ojo, porque comerte una coma puede convertirte en caníbal. ¿Crees que exagero? Veamos:


Este picnic podría acabar siendo una carnicería si no fuera por una simple coma. La abuela de la familia puede gritar:

¡A merendar niños!

O bien

¡A merendar, niños!

En el primer caso, la ausencia de coma convierte a los niños en el complemento directo, es decir, en lo que nos comemos: hay niños para merendar, además de galletas y colacao.

En el segundo, no sabemos qué van a comer, pero sí sabemos que quienes se van a poner ciegos a cosas ricas son los niños. La razón es que hemos añadido una coma que separa el vocativo (esa palabra que usamos para llamar a alguien: “Luis, apaga la tele”, “venga, tío, apágala ya”, “¿pero no me oyes, hombre?”) del resto de la oración.

Esto sucede porque la misión de la coma es separar elementos que tienen mucha relación pero que deben separase un poco. Como los hermanos que se quieren mucho pero que se pelean tanto que a veces hace falta que no estén juntos durante un rato. Y como en el siguiente diálogo:

- ¿Te vas ya?
- No me quedo.
- O sea, que te vas…
- Que no me quedo.
- Chico, no te entiendo. ¿Te vas o no? Contesta con un monosílabo.
- No.
- Entonces no te comas la coma.
- ¿Qué coma?
- La que va después de no: “No, me quedo”. “Que no, me quedo”.
- Tú y tus comas… Anda, invítame a tomar algo que me ha entrado un hambre…

Sin la coma, “no” y “me quedo” permanecen demasiado vinculadas y, por tanto, cambian completamente el sentido de la oración, la convierten justo en lo contrario.

Conclusión: atibórrate de ortografía y no escribas con el estómago vacío, así no te entrará el hambre de comas mientras tecleas.


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