Las Navas del Marqués a 24 de octubre de 2021   

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TALLER DE PERIODISMO
Ruta de la chatarra
  Juanjo  | 15 de enero de 2012

El día empieza frío. Aristas de nieve en Las Navas hacen dudar de que la ruta pueda llegar a término en buenas condiciones. Aún así, cogemos el coche a ver qué pasa. Comenzamos la ruta desde la antigua Unión Resinera (junto a la iglesia del Barrio de la Estación). En ella, durante muchos años se trataron los barriles de resina que se recolectaban en los distintos cuarteles en que se dividía el pinar para extraer colofonías y aguarrás. La fabricación de estos productos con derivados del petróleo provocan el cierre de la fábrica en los 70, primero la sección de resina y después la serrería. Ahora queda de ella la antigua casa del capataz, remodelada, y las casas de los guardas, en total abandono.

Pasamos por delante de la iglesia de la Asunción. A la derecha recorremos la calle del Covacho, por caminos de asfalto hasta dejar atrás las últimas casas del barrio. Llegamos al cerradero del Covacho. En el camino de tierra, a la derecha, nos vamos por la vereda de la Mimbrera hasta llegar al Vallejo de los Mosquitos –no está escrito su nombre en sitio alguno pero al atravesarlo sabréis el porqué de su nombre-.

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Foto 1. Viviendas del Barrio de la Estación.

Seguimos bajando y nos encontramos con la antigua fábrica de ladrillos de la Mimbrera. Allí dos hermanos, Sotero y Perfecto, fabricaron ladrillos y tejas. También regentaron la ’casa de los cacharros’, donde se fabricaban los potes de barro que se colocaban en los pinos para recoger la resina. Asimismo, se elaboraban las famosas botijas de leche que se repartían en el andén de la estación de ferrocarril. A la derecha del tejar, la fuente de la Mimbrera y la Ermita de San Miguel, donde los vecinos del Barrio de la Estación celebran el 15 de agosto su romería. De momento, la nieve se ha tornado en lluvia fina pero seguimos el camino.

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Foto 2. Ermita de San Miguel.

Atravesamos el paso canadiense cogiendo el camino del Naval Hoyo. Pasamos por la vaguada de la Cruz del Duque, seco en esta época. A la izquierda podemos contemplar Quemá, el cerradero del tío Cubano; al fondo la atalaya del Risco Jituero, mirador que sigue utilizándose para el control de fuegos mediante vigías en el verano.

Seguimos encontrando cerraderos de piedra a la derecha del camino: el del tío Povea, el de Pichiles y otros. Ahora caminamos por el Llano de San Miguel y cogemos el camino de la derecha hacia Naval Hoyo.Aunque es domingo, los ganaderos van y vienen a su faena a los cerraderos, donde pastan las vacas. Ya deja de llover y aunque fresca, la mañana parece que nos va a dejar disfrutar del paisaje; la niebla se levanta y nos permite ver el contorno de los cerros en el lado derecho del arroyo Retuerta.

Hemos llegado a las majadas de los pastores, antiguas edificaciones de madera recubiertas con chapas, auténticas obras de arte con un trabajo laborioso. Unión Resinera prohibió las edificaciones en piedra, que son más duraderas en el tiempo, permitiendo los cerraderos en chapa. En las fotos, majadas antiguas abandonadas. En la actualidad, siguen en el oficio Pichi, los Jareros y dos hermanos, los Carabos: Rufino y Ángel ,a los que vemos cuidando de sus cabras en la zona.

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Foto 3. Cocina campestre.
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Foto 4. Interior de la majada.
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Foto 5. Majada.

Caminamos por praderas con los promontorios a nuestra derecha de la Cruz del Duque (1.206m.) , la Corvera(1.172 m.) y al fondo Colmenares. Dejamos Fuente Diego e iniciamos la subida al Cabezuelo, de 1.128 metros de altitud. Es una elevación de lanchas de piedras de granito con numerosos parapetos que adivinamos utilizados en la Guerra Civil por la situación estratégica del peñón. Ahora los únicos inquilinos son las vacas que pastan en los prados cercanos y las cabras que se ven al fondo en Buenavista.

Llegando a lo más alto nos encontramos con una pequeña caseta de piedra y unas vistas increíbles. Desde aquí se divisan aún mejor las chapas oxidadas de las majadas de Rufino y Ángel, los promontorios de la Cruz del Duque y Colmenares al Poniente. Al este la zona de la Jamentrosa con los pinares de El Alijar, Valladal , Pucherito y Fontuana.

Al sur vemos más pinares frondosos. Desde allí divisamos la Umbría Pajarejos, las Cuerdas y el Vallejo Maíllo, que aportan el arroyo del Encerradero de los Curillas. Siguiendo su curso, desde nuestra vista privilegiada, podemos ver la sierra del Agua, una zona verde con vacas en los prados empapados por los arroyos que se juntan- el del Valladal, el Retuerta y el Corcho- a 950 m. de altitud, ya casi en el límite del término municipal.

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Foto 6. Buenavista.
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Foto 7. Fuente Diego.
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Foto 8. Al fondo, Las Navas.
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Foto. 10. Costillares al fondo.

Cuesta un poco abandonar un sitio tan bonito, pero nos queda el camino de vuelta y ahora todo será cuesta arriba. Hacemos una parada para desayunar y afrontar la vuelta. Mesa de piedra, tortilla, jamón y queso en buena compañía.El sol acaba por salir, tímido y la temperatura va subiendo.

Bajamos por las mismas piedras. De los dos majadas de Fuente Diego elegimos la situada más al norte. Recorremos el camino, ya en constante subida, y pasamos por la puerta de la majada de Rufino. Nos reciben unas gallinas fuera del recinto de chapas. En el interior se escuchan las cabras.

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Foto 11. Arroyo del Encerradero del tío Curilla.

Siguiendo la ruta nos encontramos con otro más ancho, el Camino Real, que transcurre entre pinos, dirección noroeste.Este tramo es bastante empinado hasta encontrarnos con un cartel que señaliza los peligros de la carretera que lleva a la Umbría del Valle.Seguimos por la derecha hasta toparnos de frente con la fuente de la Duquesa. No hay señalización alguna, más que una puerta de ganado que abrimos, cuidando de cerrarlo después.

En este parque, como en toda la zona, se ve la mano de la duquesa Ángela María Pérez Barradas (1827-1903). El parque con árboles traídos de diversos países, el embalse, el lago, el teatro, el mirador de Eiffel y el chalet de madera traído desde Suiza en ferrocarril. En 1875 la Revista Europea publica un extenso artículo sobre la duquesa y el parque:

La vegetación que desde el Bel-vedére contemplábamos
conducía nuestra imaginación á las regiones
más apartadas. Los cedros libanilas nos
recordaban la Siria; la variedad de los abetos, a las
majestuosas colinas de la Carinthia; las araucarias,
a Tasmania, y los castaños de Indias a Delhi y al
Eufrates. Allí hemos visto la llora exótica luchando
en lozanía y en magnificencia con la flora indígena.
La acacia de tres púas, el serval y una notabilísima
variedad de áceres viven allí amorosamente, entrelazando
sus ramas, besándose sus hojas, mezclando
sus alientos, comunicándose sus fragancias, deleitándose,
mutuamente con el murmullo do sus ramas,
y cobijando en la frescura de sus sombras á pajarillos
bullidores y a matizadas mariposas.

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Foto 12. Fuente de la duquesa.

Caminamos por un paseo de castaños de Indias a ambos lados y encontramos otra puerta que, a la altura de la antigua casa de los guardas, nos lleva al camino del Pocillo. Pasamos junto a algunos chalets de Ciudad Ducal, mimetizados con los pinos, jaras y praderas y salimos por la caseta del guarda. A menos de doscientos metros, el coche y final del recorrido.


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 1 comentario
  •  Ruta de la chatarra  13 de enero de 2012 12:53, por José María

    Entre la redacción y las fotos forman un camino navero
    que ya quisieran para si algunos periodistas viajeros.

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