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Yo mujer trabajadora

Artículo que escribí para El Clarión con motivo del 8 de Marzo, de una jornada laboral de un día cualquiera.

  Amanda  | 14 de abril de 2015

Las 5:15 de la madrugada. ¡Maldita sea mi estampa!, El despertador me acaba de despertar, inmisericorde, implacable, sin sentimientos. Comienzo el día con una coreografía de movimientos perfectamente coordinados, no tengo un segundo que perder. Un wasap rápido dando los buenos días.

- Buenos días :) :) :)
- ¡Buenos días señorita!

Me contesta Mané. Mané es vigilante jurado que trabaja en el turno de noche, vigila mi sueño a cuatrocientos kilómetros de distancia, aún así siempre le tengo a mi lado.

A toda velocidad el ritual de hacer la cama, lavarse la cara, maquillaje, sombra de ojos, línea de ojos, máscara de pestañas, labial y un toque de “Aire de Sevilla”, llenar la botella de agua caliente para descongelar el coche, “el viejito”, que a pesar de su edad no me falla nunca.

Las 6:00, hay que vestirse a toda prisa.

- Buenos días señorito Manecín, (nunca contesto antes el wasap, mi tiempo es demasiado ajustado)

6:15, salgo corriendo de casa, estamos a finales de Enero, la nieve y el hielo me van a dificultar mucho el corto trayecto de casa al pueblo, las primeras aves migratorias vuelan ruidosas sobre mi cabeza, van hacia el norte, camino de Irlanda y me traen recuerdos de aquella tarde noche en Waterford, cuando una formidable bandada de patos oscureció el cielo del campus del instituto tecnológico de aquella ciudad e hizo que nos mirásemos las caras los que allí estábamos con gesto de preocupación, “The birds!, Hitchcohk, you know”. Seguramente algunas de aquellas aves habría sobrevolado por encima de mi casa el día anterior, a unos pocos miles de kilómetros mas al sur.

6:35, llega Iván conduciendo la camioneta de la estación, allí me encuentro a Emi, María, Elena y Estefanía y ocasionalmente alguna otra chica mas. Vamos a la estación del Ferrocarril donde nos espera Raquel, la cantinera, con el café caliente y la estufa de leña encendida. Un zorro que ha perdido el miedo a los humanos nos mira desde fuera, suplicando algo de comida y cobijo.

- Bueeeeeenos días Raquelita, quiero mi café ya, que ya estás tardando, Amandaaaaaaaaaaaaaaaaaa que no dices nada jajaja
- Uy, uy, uy como viene hoy de regañona María, (contesta Raquel)
- Buá

María es Dominicana, con un fuerte deje caribeño. Esta semana ha sido su cumpleaños y es sin duda la mas alegre del grupo. ¡con el frío que hace a estas horas y todavía se ríe!

- ¿Cuantos caen María?
- Eso no se dice

Creo que aún no me he presentado, me llamo Amanda, y esta historia un tanto increible es absolutamente real, es mi día a día, soy ingeniera e investigadora y trabajo para la mayor empresa de telecomunicaciones de este país. Solo soy una mujer corriente con una vida muy ocupada, bueno, aunque no muy corriente al fin de al cabo, pertenezco a una minoría, soy una mujer transexual.

Soy consciente que pertenezco a esa minoría fuertemente estigmatizada, nada menos que al de las de las “mujeres transexuales”, esas de las que se opina alegremente, de las que mas de uno y dos llaman “mujeres de mentira” y “locas”, pero aquí soy una más, una de las chicas del grupo que va a trabajar a Madrid, un grupo en el que casi todas somos emigrantes de algún sitio, de La República Dominicana, de Rumanía, de Estremadura, incluso hay una que emigró del Género masculino. No es maravilla que seamos trabajadoras nómadas.

Aunque jamás fundé una familia tengo cargas familiares, si algo me ocurriere sería una catástrofe, para mi familia, como la mayoría de la población del país tengo gente que depende de mí, trabajo y pago mis impuestos y no tengo deudas con nadie, una ciudadana que contribuye en lo que puede a mantener el país y los suyos y no otra cosa.

7:00, El tren viene con los acostumbrados diez minutos de retraso

- ¿Ha pasado el rápido ya? Pregunta María,
- No, todavía no, contesto yo.
- ¡Chicas ya llega el tren!, acabo de ver pasar a Carlos.

Carlos es el factor de la estación, hace ya años que Renfe no despacha billetes a los viajeros de Las Navas, aún así, algunas mañanas entra en la oficina del gabinete de circulación a echar un vistazo rápido al gran panel y enviar y recibir novedades sobre el estado de la circulación. Desde que se automatizó el bloc a mediados de los noventa y se retiró el viejo cambio de agujas mecánico de transmisión funicular con sus palancas monstruosas, cadenas y cables de acero ya no es requerida su presencia permanente en la estación.

Se ha ganado en seguridad pero el fantasma del viento marchó, aquel fantasma que gustaba en estas mañanas de madrugada de juguetear con los cables de acero extendidos a lo largo de la vía y ulular encogiendo el mas valeroso de los corazones.

Acaba de sonar una alarma en el panel, tres luces amarillas brillan en la vía par, justo debajo del letrero que reza “lado Irún” y una luz roja indica que el tren acaba de rebasar el semáforo de salida de la vecina estación de Navalperal de Pinares, en cinco minutos el tren estará aquí. El tiempo justo para que Carlos apague la luz y eche la llave a la oficina del gabinete de circulación.
Carlos subirá a nuestro tren para continuar su jornada laboral en otras estaciones de la línea.

Nuestro tren es un tren de mujeres, aunque siempre hay algún hombre algo despistado y somnoliento que no lo sabe.

- Amanda, te gustó mi zancocho ¿eh?. Ayer rebañaste el plato. (el zancocho es un plato muy popular en la República Dominicana, que es básicamente un guiso de carne con patatas y que se sirve con arroz blanco)
- Si, Maria, estba muy bueno.

Todas aprovechamos para echar una cabezada, que será interrumpida por el interventor para requerirnos los billetes.

8:30, Estefanía me despierta, ya estamos en los Nuevos Ministerios” y somos las últimas del grupo en bajar. Las demás nos han ido abandonando sucesivamente en el Escorial, Pinar y Las Rozas, algunas nos reuniremos esta noche El Escorial en el autobús de regreso. A las nueve de la mañana estaré en mi oficina.

La que me espera, ¡ocho frenéticas horas de trabajo por delante!.

9:00 - Revisamos los detalles de la reunión del día, disponibilidad de salas, informes, leer el correo. Comienzo a adelantar el trabajo que tendré que realizar las semanas siguientes

A las 10:30 tenemos una reunión de resultados con un comercial de una multinacional, está ansioso por conocer nuestra opinión sobre uno de sus productos, la semana anterior me tocó hacerle perrerías a uno de sus productos mas novedosos. Le inyecté una carga de tráfico que emulaba a todo el tráfico IP que genera una gran ciudad como Madrid en hora punta, a ver como se comporta. ¡Ahí queda eso, bonito!, cuarenta yo ocho horas seguidas de castigo. Hoy hay que presentar los resultados y la reunión promete ser complicada.

Me llaman por teléfono de recepción, tengo que recoger la visita, a esta persona sólo la conocía de intercambiar correos electrónicos durante los diez últimos años, a pesar de todo era la primera vez que le veía en persona. El era un atractivo ejecutivo cercano a la cincuentena, impecablemente vestido, de manaras corteses y educadas que no consiguen ocultar un carácter duro curtido en miles de negociaciones y que como un buen jugador de póker tiene fama de llevar siempre un As oculto en la manga. Al recibirle pude percatarme de un ligero indicio de sorpresa en su rostro al ver por primera vez a quien sólo conocía por “teruel”, mi nick corporativo, y a quien ponía ahora cara después de diez años.

En ocasiones así las mujeres jugamos en desventaja y si encima eres transexual ni te cuento. Si antes de mi transición estas situaciones me eran complicadas de manejar ahora lo son mucho mas. Estoy obligada a ser mucho mas cuidadosa con lo que hago, no puedo permitirme el mas mínimo desliz o seré cuestionada, se querrá reconocer o no, pero lo cierto es que el mismo trabajo realizado se valora distinto dependiendo de si eres hombre o mujer y no es por lo que me hayan contado, es que lo he vivido.

No es para sorprenderse que cuando una de nosotras escala a puestos de mando sea temida por los hombres de alrededor, las mujeres que he conocido en puestos de mando, todas sin excepción, tienen la habilidad de ponerte el alma en un puño con una simple mirada.

Durante una hora estuve allí, sin decir ni pío. Yo sólo estaba allí para contestar preguntas puntuales al ser la responsable de las pruebas realizadas y encima era portadora de malas noticias. Mi laboratorio, quiero volver a mi laboratorio, acogedor ruidoso y desordenado, sigo siendo una rata de laboratorio. Da una sensación rara ver tus gráficas sometidas a debate entre dos partes enfrentadas.

12:00 - Por fin finaliza la reunión y he sobrevivido, se acerca la hora de comer. Me he ganado un café de máquina

13:00 - Media hora para comer, y una escapada para tomar un café y hablar de nuestros asuntos con mis compañeros,

Paso el resto de la jornada preparando las pruebas del siguiente dispositivo, aprendiendo sus peculiaridades, para que vale, como se utiliza, que maldades se me pueden ocurrir para buscar sus puntos débiles y sus fortalezas. También elaboro informes, muchos informes, manuales de procedimientos. Cosas así.

Al final llega la hora de volver a casa, y echar una cabezada en el autobús

Ya cerca del Escorial me despierta un wasap, de una amiga muy querida a la que llamaré Ivana, (no es ni su nombre real ni su nombre de guerra), con mi amiga la discreción es de vital importancia. Digamos que Ivana también es una chica transexual como yo y compañeras de transición, ya que la hicimos a la vez, Ivana es una mujer muy atractiva y una persona maravillosa, la tarde en que me contó que se había metido a escort fue una de las mas horribles que recuerdo, lloré toda la tarde.

Aquella tarde mi mundo había cambiado de arriba abajo, he vivido situaciones así de compañeras, una cada seis meses, casi puedo sacar una estadística, pero Ivana es mi mejor amiga.

- Hola guapa!!!!! ¿Como estás? quería hacerme la feminización facial y como ya has pasado por ella me gustaría conocer algunos detalles
- ¡Que alegría mi niña!, cuanto tiempo sin saber de tíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, pues veras cuando yo......
- ¡Nooo, no me cuentes esas cosas, que no quiero saberlo, que me duerman y hagan lo que tengan que hacer, soy muy aprensiva.

Si yo cargo con un estigma, mi amiga carga con dos. Ella es trabajadora también, trabajadora sexual, en realidad a todas las mujeres transexuales se nos supone putas.

El trabajo sexual, al contrario que lo que dice el mito popular está lejos de ser un trabajo fácil, requiere aguante, fortaleza, habilidades de comunicación, de publicidad y de psicología y contabilidad. Es un trabajo denigrado, si, pero un trabajo real, difícil y complejo.

Mi amiga hace cuentas, tendrá que afrontar los costes de su cirugía, los gastos del alquiler del apartamento y el lucro cesante ocasionado por un mes de baja, un mes sin ingresos, sin seguros y sin derechos. Además ahorra para crear un pequeño negocio para cuando ya por fuerza de los años tenga que abandonar su empleo actual.

20:00 Salimos hacia las Navas en el 666, nos lleva Ángel. Algunas personas bromean con el número del autobús, ¡el número del Diablo!, una parada mas allá recogemos a María, Elena y Suzanna.

- ¡Amanchiiiiiiiiiiiiiiiiiii que talllll!,

Ay Suzanna, no os la había presentado hasta ahora, ella trabaja en un centro de estética, es Brasileña, le llamo mucho la atención, ella tiene muchos vínculos con el mundo LGTB aunque no forma parte de el, y las cosas que me cuenta, jajaja, me alegra el día, pero son secretos de chicas, de esos que se guardan en un cofrecito y se entierran en el jardín, ¡no me preguntéis!, no os contaré nada, no, no son secretos escandalosos ni nada parecido, pero los secretos, secretos son y deben conservar su misterio.

Ya son mas de las diez de la noche, ya estoy en casa, Nanook mi perro me reclama un poco de chocolate. Me espera el ritual de quitarme el maquillaje y la ducha, y adelantar en lo posible el trabajo del día siguiente, María, Estefanía y Suzanna todavía tienen que atender la cena de sus hijos, Ivana estará ya despidiendo a su último cliente del día; las nieves vuelven a cubrir los campos de Las Navas y Mané vuelve a vigilar mis sueños, desde Oviedo.

Se oye el silbido de un tren nocturno en la lejanía, ¿donde irá?, ¿Será el tren hotel de París?, un tren que anuncia un día que termina y otro nuevo que empieza.

El viento vuelve a gemir entre los pinos, mañana contará una nueva historia verdadera, pero el viento viento es, y ya se lleva la nuestra, la historia de una abogada, de una empleada doméstica, de una escort, de una estilista, de una cantinera y una ingeniera, algunas de las mujeres que hacemos girar el mundo.

¡Nos vemos el 8 Marzo!

Amaterasu


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- Artículo realizado por Amanda
- Publicado el 14 de abril de 2015

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