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Lotería (de Navidad)
  Mariano Moral  | 19 de noviembre de 2014

Lotería no es esperanza. ¿Cómo pueden serlo la codicia, la necesidad o la misma desesperación? Tampoco tiene nada que ver con los sueños. Si todos los supuestos sueños de esta sociedad están precedidos por el verbo tener, ¿no deberían llamarse pesadillas? La esperanza y lo sueños nacen de una necesidad de libertad o de la libertad misma, pero en el manual del sistema se indica que hasta que uno no lo tenga todo no será libre. Y aunque sepamos que nunca podremos tener todo nuestra existencia parece ser una ciega carrera por conseguirlo. La droga que nos despierta cada mañana produciéndonos artificialmente esperanza, sueños y sensación de libertad, la que nos ayuda a ignorar que esta es una carrera sin sentido, es una palabra, una sola: MÁS. Y la lotería tan solo es una pieza más de la maquinaria que explota el infinito placer y adicción que nos provoca esa palabra.

Año tras año publicistas y técnicos de marketing ponen más empeño en recordarnos cuan miserables perdedores podemos llegar a ser si no nos toca la lotería en Navidad. Sin escrúpulos de ninguna clase, nos inyectan la imagen de un parado, de un indigente, de un trabajador con el espinazo doblado, de un tipo, en definitiva, que sin más dinero no puede tener esperanza porque su vida va a ser una puta mierda. Y qué hay de esa familia idílica que nos promete la lotería, niños rollizos y felices abriendo regalos bajo un majestuoso pino de Navidad mientras los padres les miran risueños brindando con champán. Una de las perversidades de este sistema es que nos adoctrina en la creencia de que si queremos “mejorar” nuestras existencias no debemos hacerlo por medio de la instituciones sociales (la democracia misma), si no jugando a la lotería o…

Si, efectivamente, o por medio de créditos bancarios, o robando y pisando al prójimo en una competencia perpetua y sin sentido, también a través de las casas de apuestas, cuya proliferación en la calle y en internet es sencillamente escandalosa e intolerable. Es su propósito, el de los arquitectos de este siniestro disparate, que todos seamos brokers de Wall Street en potencia y tan solo busquemos ahogarnos en un mar de aspiraciones, de adicciones materiales llevadas hasta el extremo. En este mundo del verbo tener nunca estaremos satisfechos, ni aunque nos toque la lotería cien veces, porque el contradictorio mecanismo del sistema del crecimiento perpetuo nunca funcionaría si aprendiésemos a querer tan solo lo que necesitamos y si nos esforzásemos en necesitar menos de lo que queremos.

Y así llegamos al punto donde ser pobre (entendiendo pobre como un individuo que no puede ni siquiera cubrir sus necesidades más básicas y no como aquel que tiene menos cosas de las que podría tener) no es un problema social cuya solución corresponde a la misma sociedad en conjunto, si no una humillación propia de perdedores en la que cada uno se las debe arreglar como pueda para limpiar su honor. Ser pobre en esta sociedad parece ser más una vergüenza que una lacra, y al contrario: ser rico (más y más rico) en medio de una tierra de necesidad y desesperación es motivo de orgullo y satisfacción. Esto es lo que nos enseñan los anuncios de lotería, especialmente los de Navidad; también que hay mucha gente que con tal de vender y hacer pasta es capaz de cualquier cosa porque no existen pilares éticos ni legales que sostengan la decencia.

Todo vale, y nos da por pensar que si el día de su cumpleaños Jesús estuviera mirando a la tierra desde esa posición privilegiada que le da la tradición, no estaría muy conforme con el monstruo gigantesco y deforme en que hoy hemos transformado su concepto de esperanza y libertad. La natividad del niño Jesús es el mayor negocio del año, y la lotería es el oro, el incienso y la mirra que nos prometen los reyes de este asqueroso sistema para que nos deleitemos creyendo que todos podemos llegar a ser un mesias…pero un mesías ¿de qué?


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 1 comentario
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     Lotería (de Navidad)  23 de noviembre de 2014 22:31, por Pedro Antonio Manzanero

    "Una de las perversidades de este sistema es que nos adoctrina en la creencia de que si queremos “mejorar” nuestras existencias no debemos hacerlo por medio de la instituciones sociales (la democracia misma), si no jugando a la lotería o…

    Si, efectivamente, o por medio de créditos bancarios, o robando y pisando al prójimo en una competencia perpetua y sin sentido"

    Creo sinceramente Mariano que has dado en el clavo, la perversión del sistema, la creencia de que cada cual salga como pueda porque el Estado, la democracia no lo va a ayudar. Y sobre todo los perversos usuarios del sistema que en una gran mayoría aceptan ese camino como el único a seguir.

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