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Independencia
  Mariano Moral  | 10 de noviembre de 2014

Vamos a hacer una consulta para independizarnos de los nacionalistas, del color de las banderas y de los himnos nacionales. De la muñeira, las sevillanas, el chotis, la jota y la sardana, del Madrid, el Depor, el Atletic, el Barça; también de los registros históricos, fruto de la casualidad o de circunstancias que nada tienen que ver con la identidad. Vamos a independizarnos de nuestro lugar de nacimiento, ese sitio que no pasa de ser el lugar donde vivían nuestros padres o donde por alguna razón se encontraban en ese momento; también de nuestro aspecto físico, producto de los efectos medioambientales o de mutaciones aleatorias en el ADN de nuestros ancestros.

Si se trata de clamar por nuestros orígenes levantemos la bandera del paraíso (cualquiera de ellos), una que refleje barro y huesos, una gota de esperma divina, una mazorca de maíz ensangrentada o la bandera de Xenu, el tirano de la Confederación Galáctica. O quizá las banderas de las primeras bacterias que se formaron en el océano de la Tierra arcaica, o la del primer ser que salió de aquel océano para colonizar la tierra firme o incluso la de las estrellas, parteras, según la ciencia, de la materia que acabó por formar seres bípedos que se dedican a matarse entre ellos. Estos son o pueden ser nuestros orígenes, y en caso de que lo fueran, ¿qué más nos daría? Gente como Más y Rajoy elegirían sin dudarlo cualquiera de ellos para metérnoslo hasta la médula si de encubrir su ambición y su corrupción se tratase.

Parece mentira que en el pedazo de tierra donde se gestó la historia del hombre universal, ese que nació “en algún lugar”, una persona de carne y hueso que se movía por ideales y causas que trascienden toda diferenciación y que conciernen a cada ser de este mundo por igual, tengamos que presenciar este repugnante espectáculo de masas con el que nos castigan a diario. El señor Quijano pasaba hambre y frío, como cada castellano, catalán, vasco o gallego. Igualmente le indignaban las afrentas, pero por lo que significaban, independientemente de quien vinieran, ya fuera noble o plebeyo, del norte o del sur. Y también estaba enamorado hasta el tuétano, pero, a diferencia de nosotros, su amor era inquebrantable, imposible de manipular o tergiversar, porque nada de lo que el quería podía ser ensuciado con poder, dinero, religión, banderas, partidismos... Amaba a una mujer que podía ser cualquiera de las mujeres o todas ellas y a una tierra que podía ser cualquiera de las tierras: aquella que pisaba.

Por todo esto quiero la independencia, la de las personas, no la de las fronteras, y propongo que se haga una consulta a los ibéricos que no pueden pagar ni siquiera por sus derechos fundamentales. A aquellos a quienes monopolios energéticos privados, criminales y corruptos, envían facturas abusivas e intolerables, a quienes los gangsters bancarios mandan la policía para echarles a patadas de sus casas y aún así les obligan a seguir pagándolas, a quienes se rompen el espinazo trabajando o la cabeza pensando como encontrar trabajo mientras esos cabrones encorbatados se lo llevan crudo en sobres y maletines, a quienes un sistema absurdo, cruel e injusto dominado por seudo-políticos, arribistas, oportunistas y mafiosos castiga sin piedad a diario. A aquellos que nos aplastan no les importa ni afecta nuestra identidad, raza o religión; por eso cabe preguntarse cómo puede ser que sean precisamente esas tres cosas las únicas por las que nos solemos unir para luchar. ¡Independencia! Independencia de tanta ceguera, fanatismo, corrupción y mediocridad.


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 2 comentarios
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     Independencia  16 de noviembre de 2014 19:57, por otro vecino

    Me maravilla "el peazo" teórico que eres, de verdad de la güena. Cun lauden. Y aunque me joda, tengo que decirte que comparto lo que has descrito. Pero crees que alguien se para a pensar alguna vez en estas gilipollás. Crees acaso que no es mucho mas importante gran hermano 15, el cascabel o la marimorena. Hasta los documentales de la dos repes, merecen mas la pena que comerse el coco como te le comes tu. Al final pierdes el seso como el Alonso ese, que dejará Rocinante pa montar un Mclaren, ya lo verás.

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     Independencia  15 de noviembre de 2014 20:32, por PEDRO MANZANERO

    Maginifico articulo Mariano, absolutamente brillante.

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