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PODEMOS
Una carta sin remite
  Mariano Moral  | 25 de octubre de 2014

El Poder tiene sus propias reglas, no es algo que se conquista y se controla; más bien es algo que conquista y que controla a todos aquellos que lo buscan (incluso a quienes lo hacen por una buena causa). Es la maquinaria con la que las mentes más psicópatas manipulan las esperanzas humanas, las ideas más puras y las más siniestras, las ambiciones más bellas y las más mediocres. El Poder da a cada uno lo que desea, un mundo más justo o un tren de vida más alto, igualdad o un chalet en la Moraleja, pero ¡qué más da! Todo lo que sale de la matriz del Poder no es más que ficción…y mientras tanto la realidad sigue inalterable.

El Poder es el mayor enemigo del movimiento asambleario, sin embargo las mentes más brillantes de Podemos sólo piensan en conquistarlo. Cuando lo consigan, el Poder metabolizará la amenaza de Podemos y dejará a la masa que se contente con su holograma. Eso es exactamente lo que pasó en la transición y en tantos episodios políticos y revolucionarios contemporáneos, eso es lo que pasa cuando se quiere transformar la realidad de arriba hacia abajo, sin contar con la transformación de la mentalidad ciudadana como primer y fundamental paso, creando una vez más una ciudadanía de “followers” en vez de individuos responsables, activos y despiertos. Hasta ahora el movimiento asambleario ha luchado precisamente contra ésto, pero si se sigue la senda del Poder esta lucha terminará siendo en vano.

Nuestras breves y mortales existencias nos tienden a empujar a la urgencia, por eso, incluso con la mejor de las intenciones, la elite de cualquier movimiento revolucionario siente la necesidad de conquistar el Poder, lo que consideran la vía rápida, lo antes posible. Y así comienza el camino del fracaso, la desilusión y finalmente la muerte y la corrupción de las ideas. No se debe pretender cambiar la realidad a través de la ficción, utilizando para la consecución de la verdadera democracia los mecanismos que han demostrado una y mil veces servir únicamente a la tiranía. Si se quiere transformar el sistema hay que ignorar el atajo y enfilar el verdadero camino: El de la abolición del Poder, no solo como maquinaria si no como concepto.

Conquistar el Poder (el control de los mecanismos establecidos) requiere una organización jerárquica y evitar las elecciones municipales para que los hijos de sus madres no se dispersen y vayan todos al son que dicta la estrategia. Todos a una, claro, ¡cómo si no se puede entrar en las cámaras parlamentarias! De ahí la postura que Pablo Iglesias ha adoptado de cara a las elecciones generales, y tiene razón. Si se aceptan las reglas del juego monárquico-representativo no hay otra vía; pero si se acepta esta vía más vale despedirse de la verdadera filosofía asamblearia, la que primero busca sacar a los individuos del ensueño y serviles de camino hasta que desprecien el Poder y lleven adelante la democracia sin instituciones autoritarias y corruptibles. Podemos habrá ganado no cuando obtenga mayoría absoluta, si no cuando todas las urnas de esté país estén vacías al final de un día electoral.

Claro que este camino obliga a olvidarse de la gloría inmediata, eso de que el cielo hay que tomarle por asalto, y de todo ego, incluso del que empuja hacia un ideal justo. Puede ser incluso un proceso intergeneracional cuyas últimas etapas nosotros quizá no veremos. Este camino no se basa en que una elite inyecte asquerosos eslóganes y absurdas esperanzas a las personas (tal y como hacen desde la selección española hasta los partidos tradicionales), porque así se las empuja siempre a ser hinchas dependientes e impotentes: eternos zombis. No, muy al contrario, este camino empieza por dar una patada a la gente para que despierten y muevan el culo, para que asuman el control de sus propias vidas, para concienciarles de que hay mucho por hacer y somos todos y cada uno de los ciudadanos quienes tenemos la obligación de hacerlo. Este es el papel de la asamblea.

Incluso si a través de un cambio político desde arriba, es decir, tomando el Poder primero y transformando después, se pudiera construir un sistema más justo, no se hubiera avanzado ni un milímetro en la causa asamblearia. Vivimos en una sociedad contaminada cuya enfermedad es inmune a cualquier cambio político. Consumismo, egoísmo, banderas, religión, banalidad, indolencia, competición, la filosofía de ganadores y perdedores, de hinchas rojos y azules…¡qué importa un sistema más democrático en un mundo donde lo más relevante es cuando saldrá el próximo iphone! La asamblea debe proponer a las personas otra forma de vida, debe ser el lugar donde las personas recuperen su libertad, identidad y su propósito, debe abrir las mentes para que salgan de esta inmensa trampa. Este, como dije antes, es el primer paso. ¿De que sirve que el movimiento asambleario cambie el sistema sin haber cambiado antes a las personas que van a formarle?

Y las personas viven en los pueblos y en los barrios de las ciudades, viven en su entorno y es ahí donde pueden actuar. Éste es el hogar de los Círculos, de la unión expontanea de ciudadanos que se han puesto en marcha. Pero ahora se les dice que la estrategia dicta que importan más los escaños del parlamento que esa reunion genuina, libre y natural de ciudadanos concienciados, ¡qué importa más el Poder que la verdadera filosofía asamblearia! Ponen cómo excusa que quieren proteger a los Círculos de intrusos malintencionados cuando lo último que necesitan los Círculos es la protección o el tutelaje de nadie. La gente que forma los Círculos sabrá protegerse de sus amenazas, y si no saben será su responsabilidad aprender a hacerlo a través de la experiencia.

No se puede permitir que por la consecución inmediata de las ambiciones se abra una vez más en la historia un barranco infranqueable entre la gente común y la elite aspirante. Y mucho menos que empiezen a llegar a las asambleas palabras tan repugnantes como “marketing” o “marca”, permitiendo que el Poder infeste todo con los verbos convencer, vender y manipular como requisito previo para tomar su casa. No se puede tolerar que la gente deje de ser libre, activa y decisiva y de nuevo se convierta en base, una masa que sujeta impotente la cúspide de la pirámide sin poder moverse ni un milímetro.

Aquellos que comenzaron la andadura de Podemos han hecho una gran labor poniendo las primeras piedras de la alternativa. Pero cometerían un error si pensaran que la obra que ellos comenzaron les pertenece y que sin ellos se vendría abajo. Ellos quieren ver con sus propios ojos los frutos de su lucha, y eso quizá les empuja (como empujaría a cualquiera) a la urgencia y despierta en ellos un instinto posesivo y protector. Pero la victoria y el Poder como estrategia conducirán el movimiento asambleario al fracaso. Este camino solo consigue despertar rivalidades, ambiciones personalistas, clanes enfrentados, esta es la radiación que emite el Poder cuando se está cerca de él.

El Poder es un instrumento que pertenece a tipos que no necesitan presentarse a unas elecciones para conservar su puesto y sería ingenuo pensar que iban a dejar a un recién llegado que cambie las reglas de su juego. Podemos ha de ser el antídoto que desintoxique a la gente de esta farsa, no otra organización que (aun con las mejores intenciones) les suma aun más en ella. Abolir el Poder, desarrollar las capacidades asamblearias de cara a mostrar a la gente otra percepción de las cosas, a despertarles, y no para formar otro organismo candidato al Poder. Y así el sistema cambiará. ¿Cuánto tiempo tomará?, no lo sé, pero solo las personas son capaces de disolver lo establecido para levantar algo hasta ahora desconocido. El resto, aunque parezca efectivo al principio, es, fue y será nada más que una ilusión destinada al fracaso.


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