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Pánico Reaccionario
  Mariano Moral  | 2 de julio de 2014

La reacción siempre es rabiosa, brutal, sucia, un animal de rapiña capaz de recurrir a cualquier cosa para salvarse. Ahora está levantándose, una vez más, por su salvación o lo que es lo mismo, por nuestra condena, la de toda la gente que cree en otro modelo de sociedad, uno sin buitres, hienas y ratas. Un modelo justo y humano.

No vamos a hablar de las repugnantes mentiras y manipulaciones (amén de chantajes y amenazas) de esos carroñeros que llenan el parlamento. Tampoco del intocable rey de la corrupción y sus fiestas de terroristas sociales y económicos, ni siquiera vamos a hablar de los señores de la banca criminal que mueven los hilos de la rapiña ni de sus medios de comunicación vendidos hasta el lameculismo.

Hoy queremos centrarnos en una reacción de base y elemental, la más inmediata a todos los Naveros: el caciquismo. Son muchos los escritos que hemos hecho al respecto, pero nunca contra una reacción tan acorralada, tan encadenada a su propia farsa, tan dispuesta a morir matando. Y cuanto mayores son los esputos que lanzan sobre todos aquellos que se atreven a levantar la voz, más se fortalece en nuestro interior aquello en lo que creemos.

En la presentación del plan de marketing para regenerar el turismo en Las Navas asistimos atónitos al discurso de presentación de un alcalde que pretendía aparecer cordial, democrático, deseoso de implicar a todos en un proyecto común. Digo que lo pretendió, porque, como no podía ser de otra manera, le fue imposible. Su voz temblaba ante la perspectiva del respeto y la participación ciudadanas con la misma intensidad que ruge cuando la utiliza para expulsar, amenazar o hacer callar en los plenos dictatoriales del ayuntamiento.

Igual que cuando Maria Dolores de Cospedal habla de democracia participativa con una actitud difusa y estúpida, mezcla de maldad y miedo, la reacción domina tanto su Ser que le es imposible fingir creer en lo contrario de lo que cree. Es entonces cuando nos damos cuenta de que los integrantes de esta casta están nerviosos, porque ya no pueden dedicarse únicamente a lanzarse de su rama para devorar la carroña. Ahora tienen que ignorar temporalmente los despojos de su presa y fingir que están de nuestro lado si quieren sobrevivir.

Pero no pueden, no saben, y entonces su furia se multiplica y sus ataques se vuelven cada vez más rabiosos, brutales y sucios. Y entonces llegan plenos como el del 25 de junio. Un ejemplo más de que los ciudadanos que creen en la democracia y la justicia están cada vez más cerca no del poder, si no de la abolición de éste. ¡Qué reaccionen! ¡Qué griten, ensucien y manipulen sin compasión! ¡Qué expulsen al ciudadano de su casa! Nos alegramos de ello porque cada vez que sacan a paseo su verdadera naturaleza más gente se une en la causa común de la justicia y la democracia y más cerca se encuentra la casta de su propio final.


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