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Carta a los concejales de la mayoria absoluta
  Mariano Moral  | 30 de octubre de 2011

Los concejales del Partido Popular conforman durante cada pleno un vivo toque ornamental para el salón de actos y un brazo que levantar en cada votación para el alcalde. Llegan, toman asiento, votan que si a todo lo que provenga del alcalde y finalizada la sesión se van. Cabe preguntarse, y por eso les vamos a preguntar, si este acto meramente decorativo se extiende también al resto de sus funciones prácticas durante la legislatura. Si no es así yo, personalmente, me alegraría de saberlo y pediría que nos explicaran en que consiste su trabajo práctico en el ayuntamiento puesto que es tanta la opacidad que hay en el que por no ver ni siquiera vemos cual es la tarea de aquellos elegidos democráticamente para trabajar para el pueblo.

Nos interesa saber de ellos y se agradecería que nos mantuvieran informados al mínimo detalle de sus actuaciones. Pero este no es el tema central de este escrito porque a mi entender hay algo más importante que lo que hacen y no es otra cosa que lo que dejan de hacer. Cabe decirles a este respecto que ellos no están donde están para secundar fielmente al alcalde o a su partido (aunque en Las Navas se podría decir que ambas cosas son lo mismo porque el partido no es otra cosa que la organización del alcalde) si no para trabajar para el Pueblo incluso a costa de los designios de su jefe si es necesario. Claro que, tristemente, no nos podemos apoyar en los reglamentos legales para hacer tal apelación (del mismo modo que, leyes en mano, no podríamos exigir a ninguna persona del mundo que deje ser, por ejemplo, una marioneta o un oportunista) sin embargo, como último recurso, vamos a recurrir a eso llamado ética y esperamos que todavía quede algo de ella por estos lugares.

Esta es la piedra de toque que nos sumerge de lleno en la principal negligencia de los concejales del Partido Popular: nunca contradicen o corrigen al alcalde y permiten que este les calle cuando lo considera oportuno y cuando deberían ser ellos los que hablaran de los temas referidos a sus respectivas áreas. Este es el motivo por el cual me he decidio ha escribirles una carta con la intención de pedirles explicaciones de lo que, como dije, dejan de hacer.
Es la que sigue.

Señores concejales de la mayoría absoluta:

Me encantaría equivocarme pero su actuación en los plenos no parece si no un fiel reflejo de su actividad cotidiana. Esta falta aplasta toda virtud porque lo que se espera de ustedes, y a lo que están efectivamente obligados democráticamente por los votos que les han puesto donde están, es a tener como preferencia el interés general de nuestro pueblo por encima del interés particular de su líder. Eso, señores, es en lo que consiste la democracia y un concejal apto y valiente tiene el deber de contradecir a un alcalde cuando incurra en error o negligencia independientemente del partido al que se pertenezca y no arroparle y doblegarse a sus deséos en todas y cada una de las circunstancias.

Sin embargo puede que yo esté enfocando mal el tema. Puede ser que esté considerando equivocadamente que ustedes ignoran lo que aquí yo sugiero y que, por el contrario, estén perfectamente enterados de sus obligaciones como concejales de la mayoría absoluta; lo cual nos daría a entender que ustedes simplemente pasan de mojarse el culo y prefieren bailar el agua a su líder para no complicarse la vida. Ojalá no sea así y, por favor, desmiéntanme si me equivoco, porque como ciudadano y votante me enfadaría bastante si comprendiera que los concejales que ostentan el voto no utilizan su potestad de acción, opinión, crítica y oposición ante acciones erróneas o negligentes de su líder porque prefieren arroparle o permanecer sumisos a él para no meterse en líos que buscar el bien de la democracia y del Pueblo .

Todo el trabajo práctico que ustedes realicen en el ayuntamiento (del cual agradecería informaran en este medio) no sirve de nada si ustedes incumplen su máxima obligación ética y democrática como concejales electos regalando toda la voz y todo el poder al alcalde y líder de su partido. Ya se que eso es lo que ven todos los días en el congreso de los diputados: la vía fácil y cobarde, que no es otra que seguir la disciplina o servidumbre del partido o líder para no meterse en líos. Pero eso no quiere decir que sea lo correcto, y de hecho no lo es. Igual que un diputado debe ser una voz independiente y autónoma de cara al buen funcionamiento de la democracia y en base a que no esta ahí para responder ante su partido si no ante el pueblo, ustedes también deben ser independientes y autónomos para responder ante la ciudadanía y no permitir que esto se convierta en una dictadura.

¡Ah! y si se diera el caso de que ustedes ni desconocieran su obligación ni su problema fuera que no quieren meterse en líos si no que actúan como actúan porque pudieran tener otro tipo de intereses más, digamos, personales al respecto y por este motivo no les interesara mucho la visión pública y democrática de aquí les presento, entonces díganlo y la próxima vez me ahorraría todo este rollo y avisaríamos a la gente de que se ahorrara de paso la democracia.

Reciban un cordial saludo.


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 1 comentario
  •  Carta a los concejales de la mayoria absoluta  30 de octubre de 2011 21:39, por Juanjo

    A diferencia del anterior pleno, en que les ví a estos concejales elevar la mano para votar,
    en este pleno ni siquiera, pues la teniente de alcalde en las dos propuestas dijo : el partido popular
    va a votar en contra. Y punto. Ni elevaban la vista, para ver el espectáculo de su jefe despreciando
    a los concejales de la oposición (eso no es nuevo, siempre lo ha hecho), y a todos los vecinos, a
    los que prohibió hablar de lo que él no quería e incluso hasta reirse. Lamentable espectáculo de
    caciquismo en los tiempos que corren en otros pueblos con esa democracia participativa del buen
    reportaje que has hecho. Si viendo otros pueblos de la provincia advierto ese escalón en el que nos
    hemos quedado por debajo, leyendo ese artículo pienso que estamos en la época feudal donde el gran
    señor nos agasaja con el pote y la vaquilla dos veces al año y el resto del año con el látigo, mediático a
    veces, con el de la indiferencia otras y las que más con el de la soberbia y la prepotencia.

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