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Capítulo 1
EL PROFESOR CHIFLADO Y MISTER WHERT

Con permiso de su autor, Tomás García Yebra, publicamos el primer capítulo de su nuevo libro que ya está físicamente en el museo de la Estación, -junto a Martigón-.
Esperamos que os guste.

  Juanjo  | 17 de abril de 2014

CAPÍTULO 1

El profesor chiflado apuntó con su metralleta galáctica hacia la pizarra y comenzó a disparar ráfagas de rayos.
¡Ratatatatatata!... ¡Ratatatatatata!
En la pizarra aparecían escritos varios títulos de libros: El Quijote, La Celestina, Cantar de Mio Cid, Platero y yo, El condenado por desconfiado...
¡Ratatatatatata!... ¡Ratatatatatata! Los rayos rebotaban en la pizarra formando chispas de colores; chispas verdes, rojas, amarillas...
El profesor chiflado, cuyo nombre de pila era Eufrasio y su apellido Tónico; es decir, don Eufrasio Tónico, se dio la vuelta con la metralleta.
Instintivamente los treinta y nueve alumnos de primero de bachillerato del colegio privado Aleksis Kivi alzaron las manos para protegerse la cara.
-¡Esos libros que veis ahí! -apoyó la metralleta sobre la mesa-. ¡Esos libros cuyo título se encuentra al alcance de vuestros ojos está terminantemente prohibido leerlos!
Los alumnos no daban crédito. Era su primer día de clase de Lengua y Literatura y nunca habían vivido un comienzo de curso tan espectacular.
Poco a poco dejaron de protegerse la cara y volvieron a apoyar los brazos en
los pupitres.
Don Eufrasio Tónico iba vestido con un extraño guardapolvo de color gris. Tenía una barba cenicienta, el bigote con las guías hacia arriba y los ojos pequeños pero muy expresivos. Frisaría los sesenta años. Era alto, delgado, las manos huesudas. De pelo andaba escaso. El poco que lucía le brotaba en la nuca y le llegaba casi hasta los hombros. Se daba un aire -sólo un aire- al don Quijote dibujado por Gustavo Doré, un personaje al que acababa simbólicamente de ametrallar.
-¿Por qué no podemos leer esos libros? -preguntó con voz firme Juan Keats.
-Porque esos libros, a vuestra edad, os pueden hacer daño. Muchísimo daño. Incluso os pueden castrar. ¿Sabéis lo que es castrar?... Sí, castraros, como a los cerdos. Eso os puede pasar si intentáis leerlos. Su lectura os puede arruinar el interés y el gusto por la letra impresa. Además, para siempre, sin posibilidad de enmienda.
El profesor se quedó quieto, recorriendo con la pupila los rostros de cada uno de sus alumnos. Estos le miraban a él, atónitos.
No movían un músculo de la cara.
-Son obras maravillosas, excelsas, sublimes, pero hay que tener paciencia y preparación literaria para apreciarlas, algo de lo que de momento carecéis. Estáis en esa edad en la que hay que leer de una manera torrencial, gozosa, divertida, y para eso no se puede empezar por el siglo XIV ni por el XV, ni siquiera por el Siglo de Oro. Hay que hacerlo al revés. Comenzaremos por el XXI e iremos retrocediendo hacia atrás. ¿Que no llegamos a los sumerios? ¡Pues que les den por retambufa a los sumerios! Pero la prosa de Miguel Delibes, de Francisco Umbral, de Pío Baroja, de Unamuno, de Azorín, de Juan Valera, de Palacio Valdés, de Julio Camba, de Jardiel Poncela y de tantos autores del siglo XIX y del XX no os la podéis perder. ¡Sería una irresponsabilidad por mi parte y un pecado mortal ante los ojos de Dios!
Don Eufrasio Tónico caminó unos pasos, las manos cogidas por detrás. Iba frotándose los dedos gordos. Se paró en un lateral y miró de nuevo a los alumnos.
-Se aprende a caminar con Harry Potter, con Tom Sawyer, con Tintín, con Sherlock Holmes, con los vampiros, los detectives, las novelas de aventuras, las novelas de miedo, las novelas de amor, las de ciencia-ficción, las del Oeste... Con lo que queráis excepto con La Celestina o con el Cantar de Mio Cid.
Los alumnos mantenían los ojos muy abiertos. No se oía un solo murmullo.
-Es importante que cada uno de vosotros encuentre aquellas lecturas que sintonicen con su sensibilidad. No a todos os tiene que gustar el mismo tipo de libro. A uno le pueden entretener los vampiros y a otros no. A mí, a vuestros años, me encantaba Salgari y a uno de mis mejores amigos le apasionaba Julio Verne. A mí me divertían las aventuras de Tarzán y a él le parecían demasiado selváticas... Por tanto, el abrelatas lo tenéis que encontrar vosotros. ¿Cómo se encuentra? Muy fácil. Coged bolígrafo y papel y apuntad.
El silencio fue roto por el pequeño estruendo que armaron los alumnos al sacar el material de sus carteras y de sus mochilas.
-Deberes para mañana -dijo don Eufrasio-. Primer deber, no venir a clase. Vais a una biblioteca pública, cada cual a la que más cerca quede de su domicilio. Os hacéis socios. Las bibliotecas públicas son gratuitas. Llevaos una foto. Cuando os den el carné entráis en la sala y empezáis a fisgonear libros. Que cada cual escoja uno. Sólo uno. Puede ser una novela, un ensayo, un cómic, una biografía, un poemario o los pensamientos de Pascal. No me voy a asustar de nada. Eso sí, el libro que escojáis lo tenéis que tener leído dentro de un par de semanas.
Don Eufrasio se rascó ligeramente la barba.
-Una cosa más -dijo-. Apuntad las siguientes palabras.
Hizo una pausa mientras pensaba.
-Apuntad: castrar, fisgonear, poemario, sumerios, Julio Verne, Emilio Salgari, Pascal... Os preguntaré su significado.
Les miró durante unos segundos y esbozó una sonrisa.
-¿Alguna pregunta?
Juan Keats levantó de nuevo el brazo.
-¿Por qué ha ametrallado usted Platero y yo si es un libro muy sencillo de leer?
-¡Miau, sencillo! -replicó el profesor con expresión gatuna-. A lo mejor es usted un privilegiado, uno de esos niños que a los cuatro años tocan el piano o juegan maravillosamente al ajedrez, pero para la generalidad de esta clase Platero y yo resulta inaccesible. Este libro es como un Vega Sicilia, un vino que necesita de mucha experiencia y de años de reposo para poder arrancarle todos sus matices. Platero y yo se puede intentar leerlo -con precaución- a partir de los veinticinco años.
Don Eufrasio achinó los ojos y planeó pícaramente con la mirada por la totalidad del aula.
-Todos sabemos, o deberíamos saber, que Platero y yo es una obra de Juan Ramón Jiménez... Pero yo pregunto: ¿alguien sabe quién es Platero y Tú?
Un bosque de brazos y de risas reclamaban la atención del profesor.
-Usted -señaló a uno de los alumnos.
Eladio Pixtol se levantó de su asiento.
-Explíquenos quién es Platero y Tú.
-Un grupo vasco de rock.
-Qué más.
-Sus canciones hablan de bares, de drogas, de amores chungos, de todo lo que nos pasa a nosotros. Pero ya no cantan. Hace años que se rayaron y se separaron.
-¿Rayaron?
-Sí, se enfadaron; no están juntos.
-Muy bien -sonrió el profesor-. ¿Su nombre?
-Eladio.
-¿Qué canciones de este grupo te gustan más?
-El primer álbum que sacaron, Voy a acabar borracho, es mi preferido. También molan Muy deficiente y A pelo.
-Estupendo, Eladio. Tienes un punto positivo.
A continuación se dirigió a la clase.
-Es todo por hoy. Con Platero y Tú damos por concluida la jornada. Os podéis marchar.


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 2 comentarios
  •  EL PROFESOR CHIFLADO Y MISTER WHERT  22 de abril de 2014 21:30, por Juanjo

    El sábado ya estaba el cartel del libro en la librería Martín, y en la librería del museo se vendía el libro. No es necesario ir a Madrid a comprar el libro.

  • image
     EL PROFESOR CHIFLADO Y MISTER WHERT  20 de abril de 2014 14:03, por Falstaff

    Estoy deseando verlo en el escaparate de la Librería Martín. Ese libro hay que comprarlo en Las Navas, no en Madrid.

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- Artículo realizado por Juanjo
- Publicado el 17 de abril de 2014

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