Las Navas del Marqués a 10 de abril de 2021   

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FERNANDO RODRIGO
CONSULTOR

Sorprende gratamente escuchar a Nando leer su propio relato. Un personaje atormentado es captado por una red que negocia con un material poco ético. Y no hablamos de preferentes. Es un escalón más. Es,... otro relato de Fernando Rodrigo. Recomendable.

  FERNANDO RODRIGO  | 2 de marzo de 2014

Su carácter y la falta de vocación provocaron que no se subiera al carro de los triunfadores, y eso a pesar de haber compartido la misma educación. Perdida toda ambición profesional, hastiado de bregar con la mediocridad y la estupidez, neutralizados todos los afectos salvo la ira y la amistad, sus últimos asideros de supervivencia eran la curiosidad por nuevas lecturas y los avances científicos. Los placeres eran ya muy escasos y efímeros en su situación. Pero intuía que incluso esa voluntad última le abandonaría a la postre. No lo sabía, pero en el fondo estaba iniciando un rito atávico, absurdamente mal visto durante incontables generaciones hasta la actual: esperar y preparar el momento adecuado para quitarse de en medio.
Había podido aguantar con pequeños trabajos de corrector y de la caridad del Estado. Se mantenía con lo mínimo. La independencia es cara en una sociedad regulada hasta la médula; la pasividad que había convertido en su leit motiv, una extravagancia de iluminado. Pero ahora la Nueva Liga Hanseática, el núcleo duro del Norte, defenestraba definitivamente al sur de Europa. Había que buscar nuevos ingresos como fuera, agotadas ya todas las rentas asistenciales posibles. Fender le recomendó al consultor. Fender lo conseguía todo, desde la yerba más potente hasta ambulancias que pasaportaran discretamente a tus viejos antes de llegar al hospital, y asunto resuelto. Era solo la cara de un submundo minuciosamente organizado para soltar todo el lastre que permitiera a unos cuantos continuar flotando por encima de la chusma.

Pone cara de asco al atravesar rápido un gélido portal con las paredes más sucias que una sala de despiece, y se mete a continuación en un ascensor que tiene luz de cámara de gas. "Esto no es precisamente la oficina de una multinacional". Le recibe una mujer de mediana edad, cara de cuervo y aspecto monjil, “¿Dónde la he visto?”. Pasan a continuación a una sala de estar con muebles de madera que lucen un barniz especular, que tiene un solo balcón estrecho y alto, y donde el único rasgo que se aleja de la vulgaridad más absoluta es la ausencia de la desproporcionada pantalla de TV que suele presidir estas estancias.
-  Hola Max, soy A.M. siéntate…voy a darte el resultado de los test. Pareces tener un componente antisocial…
-  Ya.
-  Asociado a cierta tendencia autodestructiva, esto parece confirmarlo el análisis grafológico.
-  O sea, descartado.
-  Sí para la mayoría de las vacantes.
-  ¿Y el resto?
-  Solo una que se ajuste a tu perfil.
-  Soy todo oídos.
-  Hay que comercializar una permuta: se cambia la propiedad de los inmuebles por una renta vitalicia.
-  Recuerdo que eso lo hacían algunos bancos con ancianos que no podían pagarse una buena asistencia.
-  Sí, pero aquí el público objetivo es algo distinto.
-  Tengo curiosidad, ¿se ha hecho un estudio de mercado?
-  Por supuesto: personas de 60 en adelante, obsoletos para el mercado, agobiados económicamente pero con cierto patrimonio en buena zona…ah!, y que estén solos, esto es importante. A partir de aquí hay que estrechar el cerco.
-  La esperanza de vida es cada vez mayor ¿no? ¿Seguro que es un negocio rentable?
-  Sí, si estudias bien al cliente diana. Pueden ser sujetos en tratamiento oncológico pero que mantienen por el momento una buena calidad de vida y de tono sexual. O pueden ser individuos con alguna adicción un tanto cara. Ciertos vicios a ciertas edades… y no digamos si se está realmente deprimido, entonces se ceba la bomba que da gusto. E, insisto, en soledad. Te aseguro que se ha hecho el ajuste fino: los clientes suelen tener bastante claro eso de cambiar años de vida por placer inmediato y abundante. Eso, o intentar vender por su cuenta e irse a un piso enano del extrarradio, o más lejos...
-  Parece como si quisierais detectar tendencias suicidas.
-  Más bien circunstancias que las favorecen. Unas circunstancias muy parecidas a las tuyas, por cierto.
-  Ya lo veo. Desde luego no se trata de ninguna ONG. (“¡Joder Fender, vaya recomendación!”).
-  Verás, Max. El número de suicidios ha aumentado exponencialmente. Y hay muchas herencias que duermen el sueño de los justos hasta dar con parientes lejanos. Es antiproductivo además de triste. La gente debe irse de otra manera, debe irse bien, bien puesta de todo vamos, y lo más feliz posible.
-  ¿Pero qué es esto?, ¿hay un cártel de la droga detrás?
-  No sé quién está detrás ni me interesa. Sólo me relaciono con la fachada, y te aseguro que es tan fiable como los bonos del Tesoro.
-  Ya puede serlo ¿también proporcionan las `vitaminas´?
-  No. Pero yo puedo recomendar algún dealer de confianza.
-  Vale, y voy yo y me lo creo. Me apunto. Quiero tres cápsulas de nitrito de amilo mientras me lo hago con tres putas a la vez tres veces a la semana. Ya tienes un cliente, macho.
El consultor se recuesta en su sillón y sonríe cual hiena. Su halitosis es tan intimidatoria que deja a Max como una estatua.
-  El que no se lo cree soy yo. Demasiado aprensivo. Eso también salía en los test. Pero si quieres probar…cortesía de la casa.
-  (“Menudo rejón te acaban de meter colega”). Tienes razón, soy aprensivo: a quedarme paralizado de medio cuerpo y sufrir contracturas cada vez que me limpio el culo.
-  Bueno. En ese momento sería más fácil decidirse a dar el paso definitivo ¿no crees? Ya sabes, pastillita y a dormir. Además proporcionamos un visionado de símil `aproximación a una luz de un blanco celestial´ para dulcificar el tránsito.
-  Cómo, cuándo y dónde se ofrece este producto.
-  No se utiliza la Red, no se utilizan móviles. Únicamente yo hablo del tema con los potenciales clientes. Tú solo me los mandas a mí cuando detectes un perfil, y sin hablar del asunto. Tal como ha hecho el amigo Fender contigo.
-  ¿Dónde contacto?
-  Fácil. Estás en grupos de networking para desempleados de larga duración. Las caras de desesperación a tu edad son como un libro abierto. Y solo tienes que repartir tarjetas a cambio de una buena comisión si se enganchan al tema. Total, si vas allí para tomarte unas cañas y conspirar contra el Gran Hermano.
-  Pues te aseguro que hay gente que se iría al otro barrio muy feliz si se lleva por delante a unos cuantos chupasangres. Mira lo que pasó en Barcelona hace tres meses. Y no eran precisamente fanáticos religiosos.
Dos desahuciados habían vaciado el cargador de sus pistolas en un grupo de diputados que se despistaron por Las Ramblas el día de Sant Jordi. Resultado: cuatro muertos -los dos atacantes, un diputado y una señora que pasaba por allí-. Era por eso que la seguridad de los legisladores y todos sus adláteres se había vuelto completamente opaca, siempre superaba el presupuesto.
-  El hambre es muy mala. Pero ese es otro estudio dentro del anterior, y viene bien para tener controlados a ciertos elementos.
-  ¿Y si a alguien se va de la boca?
-  Por la boca muere el pez. Pero también está previsto: si a alguien se le ocurriera iniciar una campaña…bueno, tienen expertos para esos casos, te aseguro que acabaría tirándose solito por la ventana en menos de veinticuatro horas.
-  Ya. Menudo tinglado. Esto parece marketing multinivel 3.0. El que lo disfruta lo recomienda.
-  Algo así.
“Es como ofrecer caballo sin límite a un yonqui” piensa Max. Ya nada le extraña. Una eutanasia proactiva, superados todos los protocolos de piedad razonable, era el elemento encargado de prolongar la ilusión de creerse una sociedad igualitaria y avanzada. Era la democratización del egoísmo más exacerbado, la tolerancia descarada del asesinato `menor´.

Entra la `monja´ en ese momento y les ofrece una taza de té y un platito con dos pastas, dos, “¡qué espléndida! ¿Pero dónde coño la he visto?”. El consultor es un ególatra de tomo y lomo. Hace un receso y empieza a divagar sobre lo bueno que es clavando perfiles de personalidad...
El té con gotas empieza a surtir efecto. “¿pero cómo he podido ser tan…?” es su último aliento de libre albedrío. Ahora le ponen delante unos papeles, “¿es lo que parece?”. Le indican el hueco para la firma.
El sofoco le llega de sopetón. Acaba de acordarse. Esa actitud reposada y observadora, ese pelo lacio pegado a los hombros como una toca negra almidonada, esa manera de girar la cabeza tan antinatural con el cuello estirado. Sí, un bicho raro era ella, más todavía en el ambiente de una escuela de negocios con gente recién salida de la facultad y ansiedad de contactos de todo tipo. Automarginada, fría, espectral. La ve ahora como entonces, a distancia, salvo cuando se sentó a su lado en un grupo de trabajo. Oyó un susurro y vio su mirada clavada en Fender, una mirada voraz. Era porque no parpadeaba al mismo tiempo que escupía un latinajo como salido de la liturgia de la Contrarreforma. Un escalofrío le recorrió toda la médula espinal. Igual que aquella vez en Roma, en la iglesia del Gesú, la sede de los jesuitas, “demasiada riqueza” pensó entonces, y al mirar la bóveda, a aquella perspectiva imposible: “Hay algo diabólico aquí”.

Va a vender suicidios a la carta en forma de producto financiero. No tiene muchas ganas de mirar otras alternativas en este momento. Camina con otros dos `iluminados´. Van con el piloto automático hacia ese sitio caliente, se muere por dos whiskys. Ahora ve el final más cerca, pero… “de momento señores nos vamos a divertir”…


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- Artículo realizado por FERNANDO RODRIGO
- Publicado el 2 de marzo de 2014

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