Las Navas del Marqués a 16 de noviembre de 2019   

134 visitas ahora

 

CRÓNICA
La peculiar empresa de José P.
  Mariano Moral  | 8 de febrero de 2014

José P. es el copropietario de una empresa muy peculiar. Digo peculiar por no decir única, porque en plantilla hay más jefes que empleados o, para ser más exactos, hay cientos jefes y un solo empleado. Tiene además otras “peculiaridades”. Los jefes no solo trabajan para el empleado, si no que le permiten dirigir el negocio a su antojo. Pero, ¿quién es ese empleado? He aquí la más estrambótica de las rarezas de esta empresa: ninguno de los jefes sabe quién es su “trabajador”; su identidad parece un secreto insondable, intentar descifrarla sería como ponerse a buscar cual es la cabeza pensante de la hidra.

Tal día como hoy puede que los jefes estén en huelga, si, ya se lo venía insinuando, esto es de locos. No es la primera vez que pasa, los jefes son constantemente pisoteados por su empleado y a veces deciden saltar, no es algo espontáneo, es algo que hay que hacer porque está en los estatutos de la empresa, aprobados, eso sí, por el propio empleado. Si, saltan, y a parte de esto no hacen mucho más porque, además de ser ciertamente masoquistas, se han acostumbrado a que la hidra (déjenme llamar así al empleado por dar más claridad a esta crónica verdadera) controle el cotarro mientras ellos se dedican a recoger las miserables rentas que, a modo de limosna, la hidra les ingresa el día quince o el veinte de cada mes.

Emplean todo su valioso tiempo en fundirse el triple de lo que cobran (si les dijera de donde vienen las dos terceras partes de ese dinero todo esto les resultaría aún más descabellado) montando una vida de bienestar virtual. Todos están amargados, deprimidos, alienados por la vida que llevan y por el trato que les da la hidra, pero merece la pena soportar estas penurias con tal de no hacer nada al respecto. Los jefes quieren vivir como jefes, es normal, aunque lo único que tienen de jefes es el nombre. Por eso cuando hacen huelga, quiero decir cuando saltan como revoltosas pulgas, son inofensivos y la hidra se ríe de ellos en su puta cara. Usando una de sus muchas bocas, la hidra les dice maliciosamente que no entiende porque siendo jefes hacen huelga, si son ellos los que mandan, ¿no? A mí que me dejen en paz—murmura la hidra—yo solo trabajo aquí y trabajo por y para ellos.

Pero estos jefes están en la parra, por saber no saben ni que produce su empresa, Han caído en tal espiral de dependencia y pereza, que cuando se sientan en los consejos de administración (mientras la hidra hace y deshace a su antojo allá fuera, en la planta) no saben ni de que hablar. La hidra les pasa unas cuantas propuestas empresariales para que las discutan y decidan que se debe hacer, pero cada uno de ellos se limita a meter en una urna un papelito doblado con Si a todo escrito en su interior. Luego le llevan la urna a la hidra para que haga recuento y tome las decisiones que la parezcan oportunas. Pero la hidra, que a pesar de tener muchas cabezas solo tiene un agujero del culo, abre la tapa de la urna, se pone en cuclillas sobre esta y se caga dentro. A muchos de los jefes les entra la risa floja, les parece algo gracioso.

Pero un día pasó algo que rompió la delirante monotonía de este esperpento. En uno de los consejos de administración de la empresa, José P. habló. El hecho de hablar ya era de por sí una hazaña notable, pero aún más lo fueron sus palabras. José preguntó a sus pasmados compañeros que por qué, siendo los jefes y además una aplastante mayoría, dejaban al empleado mandarles y dirigir todo a su antojo. Todos empezaron a mirarse mutuamente con cierto nerviosismo y de pronto uno de los presentes se levantó de su silla y enfurecido le dijo a José que no volviera a decir tal cosa, porque de hacer lo que él proponía ya no podrían delegar sus responsabilidades en la hidra y tendrían que dirigir la empresa ellos mismos.

Un murmullo de aprobación a esta réplica inundó la sala, pero José volvió a la carga. Cuando hacemos huelga—dijo—nos limitamos a suplicar honradez a alguien que carece de ella. En vez de quitarle del medio y tomar nosotros la iniciativa lo único que hacemos es gruñirle lo justo para que, por un lado, nuestra conciencia se calme, y por el otro, para no molestarle más de la cuenta y siga haciendo por nosotros lo que nosotros deberíamos hacer sin él. Además –prosiguió ante la atónita mirada de los presentes—esta es nuestra empresa joder, la deberíamos dirigir entre todos, implicarnos directamente como iguales en su gestión y en el trabajo. Ni jefes ni empleados, tan solo nosotros, nosotros tenemos el poder y no tenemos que perder el tiempo exigiendo (fingiendo que exigimos) que nos dirijan bien, como a un rebaño, si no dirigirnos nosotros mismos. ¿No os dais cuenta de lo estúpidos que estamos siendo?

No es difícil de imaginar el revuelo que se montó en la sala contra el pobre José. Sus palabras sentaron como mazazos al resto de los “jefes”. Uno de ellos alzó la voz más que los demás y le preguntó a José que si lo que proponía era despedir a la hidra. José tragó saliva y finalmente balbuceó un tímido Si. Esto es escandaloso—dijo una voz al fondo de la mesa. Este ha perdido el norte—dijo otra voz. A continuación habló el que había rebatido a José al principio; comprenderás—gritó enfurecido—que lo que dices va en contra de los estatutos de la empresa y que no podemos tolerar tal cosa.

En ese momento sonó la puerta. ¿Puedo pasar Señores? Era la hidra. Le invitaron a entrar al unísono y una vez dentro les dijo, con un tono forzado de sumisión y miedo (cómo corresponde a un empleado), que había venido por que le parecía extraño que todavía no le hubieran llevado la urna con los votos para poder cagarse en ella. Todos se rieron por el comentario, todos menos José P., al que ahora se dirigían todas las miradas. La hidra se subió a la mesa y caminó por ella hasta donde estaba José, luego puso el culo justo encima de su cabeza y se cagó encima de él. Todos los presentes se desternillaron de la risa hasta que ya no pudieron más. La hidra, también. Y José P., bueno José no pudo si no pensar: "Joder, ¡qué peculiar es esta empresa!".


COMENTAR

Comentar con tu usuario de Facebook










© ElNaviero.com 2019 - Realizado con SPIP - Administracion y Redactores - Creditos - RSS RSS - Hosting