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LA HOJA EN BLANCO
Un deseo para el 2014
  Mariano Moral  | 23 de diciembre de 2013

Muy a menudo la hoja en blanco es el gran enemigo de quien tiene la intención de escribir. Yo la observo con respeto, casi con admiración, porque para la pequeña parte que aun conservo de niño lo representa casi todo: un nuevo mundo por ser creado, un nuevo reto, una nueva oportunidad. Este, a mi modo de verlo, debería ser el principio que lo rige todo; un volver a empezar constante hasta llegar a algo que merezca la pena, y después…volver a empezar de nuevo. La hoja en blanco es, se podría decir, el símbolo que lo mueve todo.

Esto tal vez suene muy bonito, muy romántico y muy idealista, seguramente un poco pretencioso. Pero lo cierto es que conviene recordarlo. A parte de los niños, ¿quién escribe hoy movido por algo que no sea un salario, un dogma o un interés concreto? Por eso la hoja en blanco es el gran enemigo para muchos, porque representa la única barrera entre ellos y su interés personal sea cual fuere.

Me pregunto cuanto sufrirá un periodista de un color cualquiera a la hora de redactar una noticia o un artículo de opinión sin salirse de la línea editorial de su contratante; o un escritor que teme ser catalogado por unos u otros como indeseable si su libro sigue un patrón “equivocado”; o un guionista de cine o televisión que no puede ofender los gustos del productor de turno; o un político a la hora de redactar un discurso que diga las mentiras justas para tenerles contentos a todos; o un fanático de cuyas palabras depende la popularidad de una doctrina.

Es dañino para cualquier persona escribir sin libertad y con miedo o fanatismo. Es un veneno que corroe lentamente y que probablemente termina engendrando monstruos que surgen como una marca de agua en la hoja en blanco. Pero cuando el que escribe bajo estos parámetros es un creador de opinión pública, entonces sus monstruos se propagan por los folios en blanco de todos los ciudadanos. Nuestra opinión pública ha sido construida sobre escritos artificiales e interesados que se superponen unos a otros y que cada día se tornan más falsos y peligrosos. El resultado es que nuestra sociedad vive sumergida en una ficción literaria de tercera clase que ya casi resulta insoportable.

Deberíamos dejar de garabatear en esta hoja que ya no tiene ni un solo milímetro libre porque, cada vez que lo hacemos, lo único que conseguimos es deformar u ocultar lo que en ella se escribió originalmente. Es el momento de pedir una nueva hoja, aunque con conciencia de que no será la última, de que siempre habrá una página en blanco a la que enfrentarnos si queremos mejorar las cosas. Tenemos que rechazar a todos aquellos para quienes, desde los periódicos, las televisiones o los palcos políticos, una página en blanco no es la esperanza si no un enemigo que se alza entre ellos y sus aspiraciones egoístas e interesadas.

Una hoja en blanco, ese es mi mayor deseo para el 2014. Una hoja en blanco libre de todos los canayas que han corrompido nuestra sociedad y nuestras existencias. Una hoja en blanco contra la indiferencia de una ciudadanía cuya mayor aspiración debe ser no solo alzar la voz, si no poner en movimiento sus piernas y sus brazos. Solo nosotros podemos hacerlo.

Feliz Navidad y Año Nuevo Compañeros y Compañeras del Pueblo.


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