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¿MITO O REALIDAD?
La Verdad sobre los Vampiros
  Mariano Moral  | 15 de diciembre de 2013

Los vampiros no piensan en otra cosa que no sea sangre fresca, o eso deducimos de las historias narradas hasta nuestros días desde que Vlad III, el empalador, acometiera su histórica sangría en la región de Valaquia allá por el siglo XV. Por otro lado, el único vampiro respaldado por hechos históricos es el propio Vlad (si se me permite tutearle), y todos los demás, que han ido instalándose en nuestro imaginario popular a lo largo de los pasados siglos, parecen ser un mero producto de la imaginación humana. Al menos eso creía yo hasta que he abierto el diario El País esta misma mañana y, a propósito de la noticia del supuesto milagro económico-quirúrgico Irlandés, me he topado con una foto del Señor Guindos y Mister Noonan, ministros de economía Español e Irlandés respectivamente, dándose la mano mientras sonreían a mandíbula batiente dejando al descubierto sus sutiles y casi invisibles colmillos.

He estado observando la instantánea el tiempo que duran dos cigarros, pensando si acaso no sería un delirio la idea que me andaba rondando por las mientes. En las películas de terror casi siempre se sigue el mismo patrón. Hay una persona que descubre un hecho sobrenatural o simplemente ajeno a la lógica; primero lo ignora, luego piensa que es una paranoia o delirio, y finalmente se da cuenta de que es real y no tiene más remedio que asumirlo. Para cuando estaba apurando el segundo cigarro yo ya había asumido que esa era la foto de dos vampiros reales y que, al contrario de lo que cuentan los mitos, no están ávidos de sangre fresca, si no de poder y dinero. Su motor no es la sed (una necesidad fisiológica al fin y al cabo), si no su putrefacto ego, lleno de megalomanía, ambición y avaricia.

Y desde luego si algo hay de cierto en los mitos vampíricos, a parte de que tal vez sean un metáfora encubierta de los verdaderos chupasangre, es, primero, que están por todos lados, infiltrados hasta en los salones de nuestras casas, a donde no llegan volando en medio de la noche bajo la forma de un murciélago, si no camuflados entre las palabras de los noticieros y los periódicos, o bajo la forma de anuncios publicitarios o programas basura; y segundo, que viven eternamente, o hasta que alguien les clave una estaca en el corazón o les siegue la cabeza, ahí tenemos las inmortales sagas vampíricas Rothschild y Rockefeller, o las sagas de sangre azul, o aquellas familias chupasangre que se enriquecieron utilizando turbios métodos en antiguos absolutismos y dictaduras y ahora, en democracia, conforman la bienavenida elite de nuestra sociedad.

Primero absorben nuestra inteligencia, luego nuestra dignidad y finalmente nos dejan postrados como peleles sin voluntad. Después, claro está, todo el poder y todo el dinero caen en sus manos, y para cuando nos recuperamos de su implacable mordisco ya no somos humanos, si no que nos hemos convertido en vampiros aprendices y manipulables que solo buscan imitar los procederes de sus creadores. Hubo una época en la que los humanos se resistieron ferozmente a estos engendros, gente valiente dispuesta a morir si era necesario con tal de borrarles de la faz de la tierra, pero hoy todos vivimos sumidos en el Sueño Vampírico, y poco importa si este se desarrolla en una democracia, en una monarquía, en una república o en una dictadura. Lo cierto es que, como seres sin voluntad, nos limitamos a decir que si a todo con la innoble esperanza de llegar a ser un día como nuestros creadores.

Dicen que en Italia a mucha gente le gustaría ser como Berlusconi, o mejor dicho, llegar a tener lo que el tiene. ¿Alguien duda que esto mismo se puede aplicar a casi todos los rincones del orbe? Si, hubo un tiempo en el que los vampiros temían a los humanos, pero ya ni nos temen ni nos respetan porque, ¿cómo iban a hacerlo, si tan solo queremos llegar a ser cómo ellos? Especulación, robo, mentira, manipulación, ambición desmedida e insaciable, adquisición de poder en nuestro entorno a cualquier precio. Que tire la primera piedra el que no recurre o recurriría a estos métodos en un mundo donde el que no chupa sangre no es una persona decente si no un gilipollas.

Empecé a escribir un artículo a cerca de la sarta de medias verdades (no nos cansamos de decir que estas son mucho más peligrosas que las completas mentiras) que dicen hoy los periódicos a cerca de la situación Irlandesa, y ya lo ven, al final termina uno escribiendo sobre vampiros. Iba a contarles como están finiquitando muchos de los servicios públicos en Irlanda, o como la mayoría de los jóvenes están dejando el país, o como nadie, ni banqueros ni políticos corruptos, etc., ha sido juzgado y mucho menos encarcelado, o cómo estos mismos que deberían estar entre rejas siguen cobrando salarios astronómicos, ni de cómo se preocupan más por las agencias de Rating y los inversores internacionales que por la soberanía y la dignidad de sus gentes, o como los políticos mienten constante y compulsivamente. En definitiva, de la total corrupción de la democracia (nada que no ocurra en España y en el resto de Europa), que ahora gente como el Vice-primer Ministro –¿socialista?—Eamon Gilmore tiene la osadía de encubrir diciendo “Irlanda funciona” mientras reconoce cínicamente que el agujero es bancario y sin embargo son los “heroicos” esfuerzos de la ciudadanía quienes lo están tapando.

Si, empecé con la idea de escribir a cerca de la realidad Irlandesa, al menos la que yo conozco, y sin embargo ahora también se me ocurre mencionar el funeral de Nelson Mandela y de cómo los más reputados vampiros planetarios se congregan en camarilla ante sus restos ansiosos por manipular su ejemplo y su historia con fines propagandísticos y manipulatorios. Ahora todos los chupasangre dirán que Mandela fue y es su referente, mientras, claro que si, hacen todo lo contrario, es decir, aquello a lo que su naturaleza vampírica les obliga. Luego pienso también en el correo de Aznar a Ramón Blesa a propósito de las obras de arte de Rueda, y en el Señor Adelson, y en los Neonazis Checos que hoy copan portadas armados para invadir un barrio gitano, y finalmente, para mi sorpresa, pienso en la Nave Soar y los vuelos turísticos espaciales y de ahí paso—esto si es un salto argumental— a “2001: Odisea en el Espacio”, y me acuerdo de cómo incluso HAL, la artificial, lógica y racional mente cibernética diseñada para controlar la nave espacial que se dirige en misión a Júpiter, termina por corromperse bajo los mismos venenos que infestan a sus creadores para finalmente comportarse igual que ellos.


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