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MI RUTA POR LOS HOSPITALES
MARBELLA
  Ana Gómez  | 19 de octubre de 2013

MARBELLA

Se acabó el verano y volvemos a la rutina de un otoño-invierno larguísimo en Las Navas, ahora hay más tiempo para estar en casa y retomo la última ruta que me quedó pendiente en Julio, espero que haya acabado por mucho tiempo estas rutas por los hospitales.

Mi última estancia en un hospital me llevó a Marbella ¿Como llegué allí? Un intercambio de favores.
Acompañé a una persona que se iba a operar de la cara (no era cirugía estética).
Fuimos con un poco de miedo, ella se operaba y yo no sabía muy bien a qué me iba a enfrentar.
Llegamos a Marbella un domingo por la tarde, nos instalamos en el hotel y fuimos corriendo a la playa, ya que el lunes por la tarde tenía una entrevista con los médicos y queríamos aprovechar antes de la operación.

El lunes nos levantamos y decidimos ir a la playa de Puerto Banus a pasar la mañana y comer, pues el hospital estaba allí.
La clínica te dejaba un poco con la boca abierta, no es nada comparable con lo que yo conocía, era sencillamente un chalet. Chalet con sus jardines, su piscina, una terraza estupenda la cual yo aproveché muchísimo pues tenía acceso desde las habitaciones. En lugar de estar en la habitación cuando la operaran podría estar desde la terraza cuidándola. La clínica era espectacular, nos dijeron que esa casa fue de Sofía Loren, con doce habitaciones, quirófanos, consultas y una larga de lista de especialistas, con todo los detalles de un gran hotel (claro todo eso se paga, aquí no hay sociedades).

Lo que más me impresionó fue una cabina que había en un extremo, era una cabina muy bonita toda acristalada con vistas al jardín, un sitio para estar muy relajado, me informé y era el lugar donde te daban las sesiones de quimioterapia (mi cabeza ya empezó a divagar) “lo que hace el dinero”.

Los niveles sociales es normal que existan ,cada uno vive según su poder adquisitivo, unos tienen chalet y otros chaletes, casas, pisos, chabolas, coches grandes o pequeños, yates o barcas hinchables, pero todos tenemos el mismo cielo, el mismo sol, el mismo mar y la misma carretera. Materialismo que da el dinero pero no tienes por qué ser más o menos al final nos morimos.

Pero esa cabina de quimioterapia me tocó, recordé la zona de quimio del hospital de Ávila cuando fuimos a entregar los corazones solidarios a los enfermos de cáncer de mama, no se parecía en nada, no hay derecho, no hay derecho que las enfermedades no se traten por igual, que aquí el dinero sí sirva para algo más que materialismos, que somos personas y que mientras hay dinero para una campaña contra el aborto no lo hay para salvar un niño.

Volviendo a la clínica, la atención es casi personalizada, no tiene cafetería pero si el acompañante quiere comer, come. Para mí la comida fue muy buena, tanto la cocina como la materia prima, desayunaba, comía y cenaba en la terraza por respeto a la enferma que no podía comer, pero ¡Dios mío qué placer! Por la noche cuando ya dormía, y yo suelo acostarme tarde, me quedaba en ese jardín sentada y logré escribir mi primer relato. El ambiente y lo que estaba viviendo me inspiraron (quizá me atreva y lo publique en ElNaviero).

La operación duró siete horas, los médicos me avisaron que era mejor que me fuera porque lo iba a pasar mal esperando tanto tiempo, que volviera a las cinco. Me fui, estuve en la playa, que la tenía al lado, paseé, comí y a las dos y media estaba de vuelta porque me angustiaba no estar allí, y la verdad es que las dos horas que pasé esperando fueron eternas y desquiciantes, pero al final me informaron que todo iba bien y enseguida ella vino a la habitación. Ya me advirtió el médico que no me asustara porque llevaba una máscara refrigerada a 14º por la hinchazón (impresionaba mucho), la pobrecita se pasó toda la tarde y noche dormida, no hubo ningún problema, fue una enferma buenísima de cuidar, dormía mucho y yo desde el jardín controlaba cuando se despertaba. En una de mis muchos paseos hubo un altercado, unas personas que habían hecho algún arreglillo de obra fueron a cobrar y no les pagaron, salieron diciendo que les iban a denunciar a gritos pero enseguida vino uno de seguridad y a la calle.

Al tercer día nos dieron el alta de hospital, aunque teníamos que volver en unos días, quitar puntos, curas.......

Nos instalamos en otro hotel cerca del hospital durante diez días pensando que íbamos a estar recluidas ese tiempo, teníamos que evitar el sol.
Fueron diez días de relax absoluto para las dos, en la hora de la siesta yo me iba a la playa, sobre las ocho salíamos a cenar. Desapercibidas no pasábamos , lo de la cara era muy aparatoso, como si la hubieran dado una buena paliza, pero cada uno a lo suyo. Bueno, eso fue en los primeros días porque cuando le quitaron los puntos empezamos a salir más, nos dimos nuestras vueltecitas por las tiendas e incluso montamos en barco, fuimos al cine (yo hacía años que ni iba),¡ ah!, volvimos a la playa y se bañó, comimos muy bien, dormimos fenomenal.

No quiero terminar mi relato sin hablar de los doctores, estábamos esperándolos en el jardín y, cuando llegaron, me impresionaron muchísimo. No me esperaba ver a dos chicos jóvenes y guapos con ropa de sport ,con ese carrerón a sus espaldas, especializados en esa operación que se hace en pocos lugares del mundo.

Solo darle a mi amiga las gracias desde aquí porque........

¿Quién hizo un favor a quién?


Ana Gómez.


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 1 comentario
  •  MARBELLA  20 de octubre de 2013 10:02, por Amanda

    Me ha gustado mucho Ana, que dias aquellos :)

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- Artículo realizado por Ana Gómez
- Publicado el 19 de octubre de 2013

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