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POCO A POCO 

 

En las Navas se ha perdido la fortuna. Esa que nos lanza al vacío o que nos hace seguir hacia delante. Ya han caído las nubes y la niebla, ya ha salido el sol más de un día. 

Caminamos por los paseos creyendo que no hacen falta explicaciones. 

Caminas, y sin embargo ya está perdida la fortuna. Es algo irrecuperable, como la imaginación. Y vamos cayendo en el saco de la indiferencia material que nos impide ver más allá, que nos impide creer e ilusionarnos, que solo nos permite centrarnos en las funciones primarias, en el trabajo y en el entorno físico, que nos aleja cada vez más de los sentimientos sociales y que nos tiende una trampa haciéndonos creer que nuestro bienestar va en aumento, que mejoramos, que mejoramos. 

Y yo me pregunto si mejorar supone poner puertas de seguridad en nuestros chalets para protegernos del entorno, cuando antiguamente en las casitas de piedra de nuestros viejos la única función de las puertas era resguardarlos del frío y de las moscas. Pero ahora mejoramos y mejoramos.

Ya no tenemos un simple ayuntamiento de ladrillo y piedra, ahora nos vanagloriamos de tener un ayuntamiento que se encuentra entre los mejores de Castilla y León. Eso debe suponer progresar aunque yo no note por ello ni un puto cambio en cuestiones Sociales en las Navas, para mi no deja de ser un edificio  y un edificio no mejora el bienestar de un pueblo a no ser que sea una biblioteca bien equipada, una casa cultural o un centro de asistencia social, por mencionar algún ejemplo.

Está claro que ambicionamos mejorar.  Creo que ya estamos cerca de hacer manifestaciones, de protestar, por que en las fiestas de Julio los toros o las orquestas eran malas, o porque algún acto (los fuegos o el valladar en agosto) no era de nuestro agrado. Me alegro porque esto supone un avance social, hay que reconocer que manifestarse por estas cuestiones es de vital importancia y un ademán de civismo, y no como algunos que protestan por temas banales como la construcción de la “ciudad del golf” o la guerra de Irak, o la falta de transparencia para con los vecinos por parte del gobierno local.

Nuestro bienestar pasa por que se remodele la plaza vieja, o que se asfalte y se acere esta calle o la otra, o porque pongan unas farolas preciosas en la carretera principal en vez de aquellos arboluchos centenarios de los que ya no se acuerda nadie. Nuestro bienestar pasa por lo visual, y lo visual es únicamente aquello que lleva piedra y cemento.

Pues todos nosotros, perdonad si molesto, tenemos un concepto de mejora radicalmente contradictorio si creemos que de forma individual y estrictamente material nuestra vida en comunidad funcionará por si sola. Si creemos que cuatro putos edificios y doscientos chalets son lo más importante que se puede desear en un pueblo. Si creemos que sin mover un dedo nuestros dirigentes lo moverán honradamente por y para nosotros. Si creemos, en síntesis, que el pueblo es solo una estructura urbana habitable cuando es mucho más que eso. El pueblo es una comunidad social en la que las cosas que ahora consideramos abstractas, como la cultura o el apoyo social a sectores desfavorecidos, se han de hacer palpables.

Todos tenemos nuestros problemas, y hemos de pelear contra ellos, eso es lo primero. Pero siempre nos queda algo para pelear también por nuestro pueblo, aunque solo sea no permaneciendo indiferentes ante el engaño de la cultura del cemento que esconde políticas sociales nulas y en algunos casos discriminatorias provocando carencias de civismo entre todos nosotros y arrancándonos poco a poco aquellos rasgos sociales y naturales que nos distinguen como lo que somos, un Pueblo.  

Pero la fortuna se ha ido de Las Navas del Marques, parece que nos estancamos inexorablemente. 

Pronto seremos los antiguos nativos de un pueblo que se convirtió en una superurbanización, y esto ya no será un impresionante entorno rural si no un desolado paisaje de escombro y campos de césped artificial.

Nos regiremos como cualquier otra urbanización. No habrá bibliotecas, ni casas culturales, ni bares. Nos limitaremos a hacer parrillas con nuestro vecino  o a ir al antiguo ayuntamiento transformado en club social a jugar al squash. Iremos a jugar al padel con nuestro antiguo socio de esa empresa de albañilería, y para ello pediremos un crédito, para eso y para ir de vacaciones a otra urbanización costera.

Ya no habrá turistas en las Navas porque nosotros mismos seremos los visitantes y colapsaremos todo cuando abandonemos nuestras antiguas casas para irnos a vivir a nuestro chalet en la urbanización. Incluso iremos al invernadero de la urba a buscar níscalos, eso si, con la ventaja de que saldrán todo el año, no como cuando había pinar. 

Pasaremos, quizás, a vivir en una fortuna inventada, en esa fortuna artificial y absurda en la que hoy poco a poco vamos creyendo más y más y que solo consigue lanzarnos a una vida ilusoria y traidora que nos sube muy alto para tarde o temprano dejarnos caer bruscamente. En realidad seremos más pobres que nunca. 

Y es que, pienso yo, la vida no se hace con ladrillo o piedra, ni con fortunas mentirosas, si no con un buen cimiento de civismo y con muros transparentes. 

Todo tendría que ser mucho más simple.

 

  
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