La
censura no es fruto de una época sino de toda
la Historia de la Humanidad. En la Alta Edad Media
los artistas realizaban sus obras para los monarcas
y los nobles, que junto al clero eran los únicos
estamentos que podían acceder al deleite del arte,
puesto que el pueblo bastante tenía con comer
y trabajar durante todo el día para poder hacer
frente a los diezmos y para mantener a toda su
prole. En esta época las obras en todas sus vertientes
estaban dirigidas por un lado a ensalzar las maravillas
de la Creación divina, los acontecimientos de
la vida de los santos, de Cristo o de cualquiera
de los miembros de la Iglesia y por otro lado
a elevar la figura de los reyes y demás poderes
públicos.
Con
el cambio a la Baja Edad Media una nueva parte
de la sociedad accedió al arte: la Burguesía que
al fin de asemejarse a la nobleza asumía rasgos
de la misma como era la obtención de obras de
arte.
Si
bien con el transcurso de la Historia el abanico
de la sociedad que fue accediendo al arte entendido
en todas sus manifestaciones fue aumentando, no
ha fue hasta mediados del siglo XX cuando se ofrecía
la posibilidad a toda la ciudadanía de acceder
a un espectáculo teatral, pictórico o cinematográfico,
si bien en España tal acceso, como en otras muchas
situaciones, fue más tardío. En este país nuestro
la Transición no fue sólo la apertura de las puertas
cerradas por el Régimen Anterior, sino la llegada
de un aire nuevo regenerador a las mentes de los
españoles, que por primera vez podían expresar
sus ideas; de igual forma ocurrió con las artes
en las cuales los autores vetados por el nacionalcatolicismo
renacieron a la vista de la sociedad como héroes
de la intransigencia franquista.
Los autores que anteriormente no pudieron expresar
de forma libre sus ideas, ya que sus obras eran
prohibidas, estaban exiliados o los censores de
régimen decidían si la caída de una flor sobre
un lago helado era una alusión subversiva a la
decrepitud del régimen, se veían libres de esa
cortapisa llamada La Censura.
Para muchos de nosotros la Censura era algo anclado
al franquismo y que había desaparecido con la
muerte del dictador y la instauración de la Democracia
en España, sin embargo el mal no descansa y busca
aliados para hacerse más fuerte. Y así ha ocurrido
en España donde la Censura abandonó el poder político,
con el cual sólo podría aparecer cuando los contenidos
infringiesen disposiciones legales, para anexionarse
a un poder mayor, por no decir el mayor de los
poderes: el Poder Económico.
Muestra de lo anteriormente expuesto es el Veto
de las empresas distribuidoras de discos que en
el mes de octubre ha sufrido la cantante Alaska.
Todo ello se produjo por unas declaraciones de
la propia Alaska, en una entrevista sobre el inminente
lanzamiento de su nuevo disco, en la que se le
preguntaba sobre la piratería y el famoso "top
manta". Alaska contestó que era ilógico que se
cobraran 21 euros por los discos cuando el coste
total de los mismos era de 3 y que ello incitaba
a la piratería y a la adquisición de copias ilegales.
La nueva censura no tardó en abrir sus fauces
para tragarse a la díscola cantante y ese mismo
día las empresas distribuidoras de discos decidieron
boicotear no sólo en lanzamiento del nuevo disco
de Alaska, sino también decidieron retirar todos
y cada uno de los discos que en el mercado tenía
la artista.
El
siguiente paso fue la rectificación en forma de
aclaración de sus palabras de la cantante, señalando
que ella nunca dijo que le pareciera bien que
se piratearan discos, sino que quería decir que
debido al elevado precio algunas personas preferían
comprarse copias de discos.
Por sureste el nuevo disco de Alaska se encuentra
a fecha de 14 de noviembre en el puesto número
5 de las listas de ventas.
Todo
podía quedar aquí, pero yo me pregunto ¿hasta
que punto depende la creatividad de los artistas
de las directrices de las empresas para las que
trabajan?, ¿dónde queda la libertad de expresión
que tanto le costó conseguir a la sociedad española?
La
actuación de muchos artistas ha sido criticada
por la sociedad, por el poder político e incluso
por la Iglesia, que me pregunto yo que demonios
tiene que decir. Artistas que han abogado por
el consumo de drogas, por la desobediencia civil,
por atacar a los cuerpos de seguridad, por un
sistema anárquico, por atacar la globalización
o por adoptar como ideología sistemas políticos
como el comunismo. Todos estos grupos no fueron
ni son ni serán reprimidos por sus discográficas
y compañías, al contrario se les facilita la actuación
en cadenas musicales, se lanzan grandes promociones
de sus discos con apoyo en el contenido de las
letras y el primer tema extraído es aquel que
con sus letras puede suponer un revulsivo y alterar
en cierta manera.
Pero todo cambia si cuando las declaraciones del
artista van en contra de los intereses de las
compañías para las que trabajan o si de alguna
manera pueden afectar al ya de por sí enorme margen
de beneficios que estas obtienen. Queda por lo
tanto vetado para el artista referirse a este
tema sino es para decir lo negativo que es la
piratería musical.
No niego que la piratería afecta al bolsillo de
los artistas pero para hacernos a un idea de lo
que un artista se lleva de cada disco vendido
basta con decir que Alanis Morrisette recibe una
media de 0,90 euros por disco vendido, cantidad
poco relevante salvo que vendas más de medio millón
de discos, cosa que en España sólo lo logran los
concursantes de Operación Triunfo o los amigos
de los Cuarenta Principales que ven sus temas
radiados una vez por hora o aparecen en la televisión
pública incluso en el Telediario.
Por lo tanto poco o nada puede hacerse contra
este dominio total de las compañías, que es algo
peor que el sufrido por los artistas de cualquier
otra época puesto que ellos podían buscar nuevos
mecenas pero aquí cualquiera que sea la discográfica
todos tienen un mismo objetivo y ningún mortal
podrá bajarles de sus beneficios, puesto que si
alguna discográfica aceptase en su seno a un artista
que hiciese declaraciones de este tipo el resto
se encargaría de que los canales de distribución
se viesen obturados y ningún disco llegase al
lugar en que debe estar que es la estantería de
tiendas de discos.
Por eso de nada sirve gritar contra la coacción
y el miedo, sería gritar en el vacío donde nadie
te escucha y si lo hicieran no sería más que para
reírse. Optar por el "top manta" quizá no sea
lo más ético si te gusta un grupo pero no todos
podemos adquirir los 10 discos que nos gustan
cada mes a un precio algo más alto que en un país
cuyo poder adquisitivo es varias veces más alto
que el español como es Estados Unidos.
Por ello no hay que cerrar los ojos a la realidad
y saber que tras el poder de las compañías se
halla un corsé por el que los artistas han de
pasar si quieren no sólo ver sus discos en los
puntos de venta, sino también que no sean retirados.
Y si este límite ha sido puesto de manifiesto
cuantos otros tendrán que soportar los artistas
para ver su trabajo en la calle.