|
MADRID.- Manu Chao no quiere alimentar la polémica por la apropiación
de las voces del Metro de Madrid en 'Próxima Estación: Esperanza'
-"Me reservo mi opinión para el juez"-, pero sí entra al trapo
de otro tema candente, la piratería musical. Le preocupa el pirateo
de las mafias, pero le parece lógico que la gente joven se descargue
sus discos de la Red. Lo tiene claro: "Si un chaval no
se baja tu disco en Internet es que es gilipollas. Si yo tuviera
15 años, también lo haría".
Tampoco le importa que se vendan copias de sus discos. De hecho,
por él "que pirateen a todos los famosos".
Así de franco se mostró en una entrevista con la cadena de radio
en Internet Emisión Digital. Sin embargo, no soltó prenda sobre
la demanda que le han puesto un actor de doblaje, Javier Dotú,
y una locutora de RNE, María Jesús Álvarez, por utilizar sus voces
en una canción del último disco de su banda, 'Radio Bemba Sound
System'. Para que al menos su voz no sea utilizada en su contra,
las únicas palabras que está dispuesto a articular sobre el tema
son: "Me reservo mi opinión para el juez". Eso y que le "extraña
todo el pollo mediático que se ha montado desde hace tres días".
Más
sonidos del metro
Las
voces de Dotú y Alvarez, los demandantes, son las que anuncian
en la megafonía del Metro de Madrid la llegada de las estaciones.
El cantante aprovechó el "Próxima estación...: Esperanza", para
incluirlo en la canción del mismo título.
En
el entorno del cantante afirman que estaría dispuesto a pagar
los derechos de autor si el juez así lo estipula.
Paradojas
de la vida: pese a que "no es agradable ir a los tribunales",
Manu Chao tienta a la suerte y pide a los internautas en su página
web que le envíen sonidos del metro de ciudades de todo el mundo.
Dice que su música es "un collage de mil cosas diferentes" y si,
por demandas como la del Metro, no le dejan seguir utilizando
sonidos ajenos, "pues haré música edulcorada. Me guardaré mis
collages para mí y para mis colegas de la calle".
Estilo reiterativo
El
artista de origen español dice buscar nuevos sonidos, pero no
muy distintos a los que nos tiene habituados. También en su web
anima a músicos y admiradores a que le envíen remezclas de algún
tema suyo.
Manu
Chao hace lo que le gusta y no tiene la más mínima intención de
cambiarlo. A los que le reprochan que sus discos suenan igual,
tiene una respuesta contundente y convincente: "No sé hacer otra
cosa, no sé avanzar. No disfruto con otra cosa. Mis melodías son
mis juguetes. Llevo 15 años con la misma moto y no la voy a cambiar".
Reconoce
que sus dos últimos discos, 'Clandestino' y 'Próxima Estación:
Esperanza', son "hermanitos" y confiesa que su música sería "una
mierda" si tuviera que satisfacer a otros. "Sólo quiero que me
guste a mí y si puedo compartirla con los demás, pues mejor".
No es cuestión de capricho, sino más bien de terapia: "Mi música
es mi forma de aguantar este mundo de mierda".
Se
podrá criticar su estilo reiterativo, pero es el suyo y se distingue
entre los clones de moda. Hay que elogiar también su coherencia
por haber decidido romper con su distribuidora, Virgin. ¿Sus razones?
"Han echado a la calle al 20% de la gente con la que trabajaba
y por eso no puedo quedarme allí".
Las compañías cobran demasiado
Reconoce
que los discos son muy caros, pero también afirma que las compañías
"cobran demasiado" a los artistas y asegura que hay medios técnicos
"para grabar discos más baratos". "Si todos hiciéramos un esfuerzo,
habría discos más baratos", dice escéptico.
Mientras los discos cuesten más de 18 euros, el precio que deben
pagar las discográficas es el negocio de las mafias. Al antiguo
líder de Mano Negra no le importa que sus letras y sus sonidos
circulen por la Red y por las grabadoras caseras de CDs. Lo que
le parece "peligroso" es el pirateo organizado y de ello pide
responsabilidades a las autoridades: "Esa gente no piratea en
su casita, sino en grandes naves, y esas naves no son tan difíciles
de encontrar".
Pero,
sobre todo, lo que le parece injusto es que los músicos que intentan
abrirse camino en el mercado sufran la misma picaresca que los
grandes. "Hay que encontrar una cierta ética, un contrato moral
por el que no pueda piratearse el disco de un músico hasta que
venda más de 20.000 o 30.000 discos", propone. A Manu Chao, los
41 años no le han arrebatado el idealismo.
Extraido
del mundo.es escrito por Paloma D. Sotero
|