Siguiendo el hilo
(Rubaiyat of Omar Khayyam)
1.
Amigo, que vagas por ahí, inquieto, dudando de todo, sin rumbo,
sin manantial
y sin oriente; si, por fin, encuentras una vereda, una senda,
algún camino, me alegraría mucho que fuera el de la bodega
o el de la taberna; si te fías de mi, digo, no debes aspirar
a otra cosa que no sea la de disfrutar de este instante fugitivo
que es la vida, charlando y bebiendo con los camaradas y amigos,
esos tragos de buen vino, servidos en copas de arcilla, copas
que el alfarero ha modelado con sumo respeto, al saber, como
sabía, que la masa que tenía entre sus manos había sido antes,
en otro tiempo, sin duda, un ser humano, como él o como tu
o como yo, que antaño caminaba desconcertado por los intrincados
vericuetos del mundo; luego, digo, dirígete a hacer el amor
con la mujer querida, que te está esperando anhelante ya hace
tiempo; y termina el día escuchando con deleite la otra sustancia,
divina como el vino, que es la música.
Con la copa en la mano y la bota cargada a la espalda colmada
de ese néctar divino, bebe, bebe y canta, querido; después
recógete y acuéstate en el silencio, por los siglos de los
siglos, amén.
Pero antes...
2.
Amigo mío... si estabas inspirado, en trance de esbozar un
plan, algún
camino, o, aunque solo fuera una estrecha vereda, para tu
vida; si querías luego plasmarlo por escrito con todo lujo
de detalles, puedes hacerlo, tienes cerebro, inteligencia
no té falta y tu imaginación puede hacerte volar llevándote
hasta los mas esplendorosos, abundantes y placenteros reinos
de Djam o de Jauja; ahora bien, si quieres un consejo -claro,
puedes tomarlo o no, eso tu verás- no forjes proyecto alguno
para el día de mañana y no te lo digo en bromas, sino muy
en serio. ¿Sabes acaso, con una mínima certeza, siquiera,
si podrás concluir la frase que empezaste hace un momento?...
No, no lo sabes.
Mira, atiéndeme bien, mañana, -¡o mucho antes, quizás!-, estemos,
tu y yo, tan lejos, tan lejos, tan lejos de esta terrena caravana,
como aquellos que se fueron, hace mas de siete mil años, hacia
el Misterio.
3.
Tu y yo, -suponemos que alguno más- para qué negarlo, desconocemos
el Misterio -quizá por ignorancia- que encierra lo eterno;
pero con todo eso -no sabemos por qué- quizá por intuición,
o soñación, o imaginación; o por esa soñada imaginación intuitiva...
no nos gusta nada, no vamos a cegar lo evidente; hemos tocado
la piel de lo que a nosotros nos parece que debería ser la
puerta del Misterio, con la potencia de nuestra pobre o rica
imaginación, y nos ha parecido un pozo oscuro sin fondo y
lleno de cadáveres, como fosas o zanjas de los campos de concentración
nazis. Eso sí, creemos saber -de ilusión también se vive-,
que detrás de ese Secretísimo Velo, sin duda alguna, algo
de tí y de mí, se debe de haber dicho.
Cuando éste velo se descorra, en un negro fogonazo de tétrico
y gélido silencio, entonces, tú y yo, comprenderemos, por
desgracia y de repente, como Sócrates, que no sabíamos nada,
que todo, absolutamente todo, lo ignorábamos.
Lo que he dicho se refiere sólo a ese, más que dudoso, Mundo
Ignoto y no a las pequeñas cosas de la tierra como el Vino...
4.
¡Amigos!, ¡alimentadme con vino, con vino tinto!, ¡hacer lo
posible
para que sea bueno!, ¡que se transforme en suave y rutilante
rubí el ámbar luminoso de mi rostro!; pues así, con esa aureola,
mi paseo, mis paseos, serán como un baluarte inexpugnable,
contra el que se estrellarán todas las flechas venenosas del
egoísmo, de la vileza, de la cerrazón...; en resumen: toda
la mierda del mundo.
¡Ah!... y que cuando muera se me lave con vino, frotándome
bien, para que llegue su aroma hasta el último resquicio,
hasta el ultimo vericueto de mi cuerpo; así, con esta vaharada,
que saldrá por todos los poros de mi cuerpo, ni se acercarán
a rezarme todos esos místicos, meapilas e hipócritas que tanto
me han hecho sufrir...; permanecerá, por lo cual, puro, el
barro del cuerpo, para modelar, una vez más, otra copa de
vino; ¡ah!, por último, y ya no os molesto mas, y que no se
os olvide, además, que sea construido mi ataúd, con tablas
de madera... pero de las cepas de la vid.
5.
Después de darle vueltas y mas vueltas al por qué de mi estancia
aquí, en la
tierra, o en otro lugar, o en ningún sitio, he concluido con
esta pregunta existencialmente angustiosa:
--¿Y... yo qué le voy a hacer... qué culpa tengo... si me
traen así porque sí... desde un lugar cualquiera del mundo...
de aquí para allá, de allá para aquí... igual que un recadero,
como un monaguillo, sin pulsar jamás mi libre albedrío?...
¡Y si, en lugar de rayos y diluvios, fuegos e inundaciones,
el cielo, al menos, nos quisiera enviar, chaparrones de buen
vino; porque es necesario el vino para ahogar miedos, temores
o zozobras, recuerdos que, horadando, la mente nos laceral.