GERINELDO
Y DELGADINA O COMO EL SEXO ENTRÓ EN CAMINAR CONOCIENDO
Tras el paréntesis hecho por el homenaje a Bardem (prometemos
hacer otro, pronto, a José Hierro) continuamos exponiendo
las líneas que marcaron los diferentes números de “Caminar
conociendo”.
El número 3, se inició como monográfico dedicado a D. Eusebio
García Luengo (escritor importante de la posguerra, veraneante,
desde hace años, en Las Navas, al que acompañó su esposa,
la actriz Amparo Reyes, que fue, para los que no lo sepan,
directora de la RESAD, hasta que ella murió) pero como dice
el refrán “el hombre propone y ...”.
Antes de continuar lo explicaremos, como lo explicado muchas
veces a la Junta de la Biblioteca: los amigos escritores que
conocemos son eso: escritores; y viven de escribir; le pagan
por ello; les pedíamos un artículo, empero, como no iban a
cobrar, primero atendían a sus compromisos crematísticos y
luego, al final, enviaban lo que querían, si lo enviaban;
de modo que al final podía salir otra cosa diferente de la
soñada.
Resultó que sobre D. Eusebio García Luengo escribimos, algo,
los menos entendidos; y escritores escritores... pocos; es
cierto que uno, Antonio Buero Vallejo, valió por muchos; pero
con él no llenábamos la revista. Por un azar, hablando de
literatura con una compañera, nos dijo que en su pueblo, San
Bartolomé de Pinares, se conservaban romances, entre ellos
Delgadina, y muchas coplas; tuvimos la idea, entonces, de
torcer el número hacia los romances y coplas porque sabíamos
que en Las Navas se conservaba otro romance, Gerineldo.
Luego nos enteramos que son romances muy conocidos en la literatura
y también muy extendidos por España (nos enviaron un Gerineldo
de Cáceres), África e Hispanoamérica.
El de Las Navas del Marqués, Gerineldo, es un romance un poco
picante; en su momento sería hasta verde; ahora, con el paso
del tiempo, y ante las cosas que se leen, se oyen o se ven,
su color, quizás, se haya vuelto un poco desvaído, casi amarillento,
quizás; aunque creemos que aun guarda su frescura.
Menéndez Pidal viniendo, al parecer, de Palencia de viaje
de novios, con su esposa, hicieron posada en nuestro pueblo
al hacérseles de noche. A la mañana siguiente, en la plaza,
había fiesta, según les dijeron; y como estaban, eso, de viaje
de novios, y eran jóvenes, pues hacia allí que se fueron.
En la plaza se hacía “el baile de tres” que así se llamaba
y se llama. Cuán no sería su sorpresa al escuchar el romance
citado del que ellos ya tenían conocimiento: un conocimiento
libresco.
Ahora oían de boca de las gentes trabajadoras de Castilla,
lo para ellos estaba en el limbo de los justos; es decir:
muerto y olvidado. Gerineldo narra, lo que ahora se denominaría
“el acoso sexual”, las ansías de relaciones amorosas, por
parte de la hija del rey, hacia su criado: “¡Gerineldo, Gerineldito
pulido, quién te tuviera esta noche dos horas a mi albedrío!”,
citamos de memoria; y la consumación del acto, en la cama,
donde los pilla el rey “como marido y mujer”. Romance que
demuestra la libertad de costumbres que había, muy en contra
de lo que se dice o nos han dicho, en la “oscura Edad Media”.
Ya leyendo el Libro del Buen Amor nos pone en el camino de
esa libertad sexual: El Arcipreste de Hita nos dice que por
dos cosas se mueve el hombre: una por “haber mantenencia”
y “la otra cosa era –y seguimos citando de memoria- por
tener ayuntamiento o juntamiento con fembra placentera”.
Y no digamos la Celestina, de la que dijo Cervantes (que debía
ser un poquitín estrecho o pudibundo): “obra a mi modo de
ver divina si encubriera mas lo humano”. Allí se da la puntilla
a esa idea de que la Edad Media fue un tiempo represivo. Calixto
proclama su fé, no en Dios, sino en Melibea; y no para hasta
tenerla, como en Gerineldo, “unas horas a su albedrío”.
En
la obra de Rojas vemos fornicar (joder es mas llano) a los
criados con las mujeres de vida alegre. Por cierto que esas
señoras, como su negocio es el sexo, cuando un joven imberbe
asoma por sus casas de lenocinio (putas es más claro) suelen
decirle: “¡Hijo, no te apures, que esto son cosas de hombres
y mujeres!”.
El romance de Gerineldo fue conservado por los judíos de la
diáspora, en Tánger. En la biblioteca, pública municipal,
que nosotros dirigimos, hay un libro de romances con 8 o 9
gerineldos, que estos españoles trasterrados guardaron en
el magín de su memoria. Los “Trece Roeles”, asociación cultural
navera, recientemente desaparecida (aquí todo desaparece)
siguió cantando, hasta el año pasado el romance. De esta asociación
fue el señor Robledo quien nos puso la música para que la
trascribiéramos a la revista. Y una señora nos dejó un casete
para que tomáramos la letra.
UNA PREGUNTA
Llegados a este punto habría que preguntarse por qué desaparecen
tantas hermosas realidades culturales que fueron en un tiempo.
Si seguimos así se va a convertir esto, y muy pronto, en un
erial donde lo único que se oiga sea el “hermosísimo” himno
que dice con rotunda voz eso de: “bien, coño, bien; ha salido
bien, no te jode, ¡bobo de los cojones” lindezas como se ve:
todas del mismo talante, y cortadas por el mismo rasero, y
con la misma altura: todas iguales: como los árboles enanitos
que están plantando en la Avenida Principal. Será, tal vez,
para que nos hagamos, todos, miembros del Reino Zoológico
de las Hormigas o de las Vacas donde no reine la Variedad
en la que, según se dice, está el Gusto.
EL GERINELDO. LOS JUDIOS. Y LOS CERROS DE UBEDA
Otras preguntas en relación con el Gerineldo son: ¿por qué
los judíos lo conservaron con tanto celo?, ¿por qué se ha
conservado, hasta hoy prácticamente, en Las Navas que dicen
que la fundaron los “hebreos de Nabucodonosor? Por cierto,
en Canadá, hay un grupo de música tradicional judía denominado
Gerineldo. Recientemente la cantante del grupo estuvo en España
de gira. Quisimos traerla a Las Navas. Algunos pensarán que
a qué viene esto, pero es el caso que, dicen, en nuestro pueblo
hay muchos apellidos de origen judío; e incluso afirman que
el carácter huraño, frío de nuestras gentes denota su procedencia.
Y sabemos que algunos son conscientes del origen de su apellido.
Habría que investigarse todo esto.
Acerca de esto preguntamos a D. Agustín García Calvo, amigo
nuestro, escritor eminente, pensador controvertido y rebelde,
ácrata connotado, poeta excelso y muy relacionado con Las
Navas, donde pasa muchos días al año... D. Agustín, con su
retranca anarquista, nos dijo, tras pensar un poco: <<¡Ah!...
Navas... Nabucodonosor... ¡Claro!... Hicieron un paralelismo
entre el principio de las palabras “nabas” y “nabucodonosor”...
Porque otra cosa...>> Y se sonrió.
Pero, no obstante, habría que investigarse... este... llamenos...
parentesco. Y tal vez podríamos meternos en la “ruta de las
juderías”. No se olvide que Hervás siendo una población más
pequeña que esta de Las Navas del Marqués pertenece a “la
ruta de las juderías”; alguno me dirá: “aquí no tenemos judería”;
es cierto; pero si de la investigación saliera una relación
de Las Navas y de sus habitantes con los judíos podría explotarse
para el turismo. El alcalde de Hervás por ejemplo es recibido
por el ayuntamiento de Jerusalem y recibe muchas visitas de
turistas de ese mundo.
Bueno... nos hemos ido por los Cerros de Ubeda...
Volvamos
al sexo para terminar: el otro romance, Delgadina, nos vino
de San Bartolomé de Pinares. Es un romance terrible. Al leerlo
se nos pone la carne de gallina. Ese, a pesar de los años,
no ha envejecido. Un padre le reclama de amores a su hija.
No seguimos más, porque esta vez no hemos alargado demasiado.
Leanlo en la sección de poesía. También el Gerineldo.
Dentro
de unos días lo colgaremos. Ambos aparecieron, como hemos
dicho antes, en el número 3 de “Caminar conociendo”.