Un grillo en la
biblioteca
por José Mª Amigo
Zamorano, 27 de agosto de 1996
1º) Paso:
Presentación
José Ramón
era un niño que iba mucho por la biblioteca de su pueblo; le
gustaba leer libros de naturaleza.
Tenía dos grillos con los que jugaba en su
jardín y a ratos leía. Uno de los bichos llamaba Grillita
y el otro Grillito...
Grillito
se encontraba a gusto paseando de noche y a la luz de la luna
en torno de su casa con su amiguita Grillita.
Por el día se
aburría mucho. Conocía ya de memoria todos y cada uno de los
senderitos y todas y cada una de la hierbecillas que
encontraba en su camino. Estaba harto de pasear por los
alrededores de la madriguera.
Además su amiga no
salía de casa durante el día ya que ayudaba a sus padres en
las tareas de la casa; él no hacía eso; sus padres decían que
era cosa de grillas y no de grillos; no entendía el
razonamiento de sus padres; a él, precisamente a él, le
gustaba barrer y preparar la comida; pero, en fin ...
A pesar de su
corta edad, ya que era el más pequeño de la comunidad de
grillos, decidió subirse a las hierbas mas altas del jardín.
Para ello pidió permiso al jefe de los grillos, quien, a
cambio de que le vendiera su Muerte y su Miedo,
se lo dio: era responsable ante sus padres y ante toda la
grillería de lo que le pudiera pasar.
Grillito
se desprendió de su Muerte y su Miedo; y el jefe
ya no volvió a preocuparse de él: era libre de hacer lo que
quisiera.
2º) Paso
Al principio, como
no tenía práctica en escalar, se caía de las hierbas; nadie
nace enseñado y aprender las cosas cuesta un poco. Más tarde,
después de varios intentos, que fallaron, fue adquiriendo
maña; y con la maña confianza en si mismo: Grillito
subió mas y mas alto cada vez.
Le gustaban, sobre
todo, las hierbas que tenían las hojas con una gran superficie
para así tomar el sol a sus anchas. A ratos, cuando le entraba
Hambre, pues había vendido la Muerte y el
Miedo pero no el Hambre, mordía un poco de la hoja
.
Desde esas alturas
veía corretear a las hormigas, piojos, escarabajos... siempre
preocupados de ellos mismos sin acordarse de los demás para
nada.
3º) Paso
Un día, que tomaba
el sol repantingado en una ancha hoja, se levantó de repente
un viento muy fuerte que anunciaba tormenta; antes de que
pudiera refugiarse en su madriguera, el viento lo lanzó hasta
la ventana de la casa de enfrente y, como estaba abierta de
par en par, cayó dentro de ella.
El piso de aquella
sala era muy fino y el grillo se resbaló al andar.
Quedó quieto un
instante no fuera a resbalarse otra vez.
Los ojos tenía
prendidos de unos objetos raros que parecían mirarle: unas
cosas, grandes y alargadas, colocadas en unas maderas.
Después supo que esas cosas, grandes y alargadas, eran libros;
y supo igualmente que las maderas, tablas donde se colocaban
esos libros, se llamaban estanterías; y la habitación recibía
el nombre de biblioteca.
Cuando se
acostumbró a caminar por esa superficie, fina y resbaladiza,
como no tenía Miedo, se lo había vendido al jefe de los
grillos, dio un salto hasta esos objetos raros, grandes y
alargados y, como vio que no le hacían nada, se metió tras
ellos.
4º) Paso
La habitación se
fue oscureciendo lentamente. Al poco se hizo de noche. Luego
un blanco rayo de luna le llegó hasta donde estaba,
recordándole - pues tampoco se había desprendido del
Recuerdo: ni del Recuerdo, ni del Hambre -
que a esa hora solía cantar para que su amiga Grillita
le acompañara en sus paseos por entre la yerba del jardín. Y
comenzó a cantarle... con ese cántico, como solo los amigos
saben cantar a las amigas, y que a él le salía tan bien
frotando las alas.
El sonido rebotó
en las paredes de la biblioteca, haciendo eco, llegándole al
oído como si cantara otro que no era él; de modo que
Grillito, que no había conocido el eco, ni había oído
hablar nunca de él, ni sabía por tanto en que consistía el
eco, pensó que, al mismo tiempo que él, otro grillo, quizá
El Grillota, gordo y maleducado, le estaba cantando a su
amiga con la intención de pasear y jugar con ella, lo que hizo
a Grillito ponerse muy celoso y frotar las alas con un
mayor ahínco.
5º) paso
La canción se
colaba por la ventana de la biblioteca, abierta de par en par,
hasta el jardín, de donde había sido lanzado Grillito
por el empujón del viento, llegando la llamada a Grillita
que acudió a la cita; al no hallarlo donde tenían costumbre,
se puso a mirar por todas partes, como si estuviera jugando al
escondite; pero su búsqueda no dio resultado.
Entristecida, al
no dar con él, fue a avisar a los padres de su amigo.
Recorrieron todos
los lugares, y muchos más, donde solían esconderse.
-- Pero, ¿tú
has oído de verdad su canto? - preguntaron los padres
de Grillito.
-- Si, si. Era él. Seguro
- aseguró Grillita.
-- Bueno, pues
tranquila. Vamos a seguir buscando. Lo más probable es que nos
esté gastando una broma.
Pero, nada, no aparecía por parte alguna;
desesperados acudieron a quejarse al jefe de la grillería por
la falta de vigilancia; este les comunicó que, ya hacía
tiempo, su hijo le había vendido el Miedo y la
Muerte,
pues quería subirse a la pingorota de las plantas más altas,
por lo que no tenían por qué preocuparse lo más mínimo.
-- Estará subido
en algún cardo riéndose.
Un poco más
tranquilizados se retiraron a sus moradas con la esperanzada
resignación de que ya aparecería cuando quisiera.
6º) Paso
Mientras tanto a
Grillito, que había realizado un gran esfuerzo frotando
sus alas, le nacieron unas ganas tremendas de comer, un hambre
feroz, - ya que, como se sabe, no había vendido su Hambre
- así que dejó su melodía de amigo para dedicarse a encontrar
alimento.
Al principio fue
un problema al no haber hierba en la biblioteca; pero recordó,
ya que tampoco había vendido el Recuerdo, como ya se ha
dicho, que ellos, los grillos, no solo eran herbívoros, sino
que podían comer de todo, es decir eran omnívoros; y sin
buscar mucho, encontró entre los libros, pequeños bichitos
vivos y muertos: insectos, arañitas ...
Luego de darse una
cena de carne se durmió.
7º) Paso
Cerca de donde se
acostó Grillito, vivía, en su telaraña, una araña con
su única hija. Esta araña tenía muy mal carácter. Sus vecinas
no la querían y para hacerla rabiar, aún más, siempre le
andaban con chismes: que si esto, que si lo otro, que si lo de
más allá ...
A la araña Ocho
Patas, que así se llamaba, le habían dicho, esta vez
cruelmente, que un grillo había matado y comido a su querida
hija Arañita.
-- Mira, ese que
está ahí roncando ha sido.
No era verdad,
Grillito no había matado a Arañita; estuvo jugando
con ella; eso si, le dio un patazo que la dejó encogida como
un ovillo; y todo porque ella se puso muy pesada queriendo
enredarlo en su telaraña; y Grillito a eso no quería
jugar.
Pero esto no lo
sabía Ocho Patas; de lo que tenía certeza es que era
muy tarde y su hija no aparecía; angustiada, dio por verdadero
el asesinato de su hija a manos del grillo que dormía cerca de
ella; ciega de dolor y tristeza, la desdichada araña, comenzó
a fabricar con la extremidad de su abdomen el baboso hilo de
seda con el que, ampliando su telaraña, envolvería a
Grillito; luego, en venganza, se lo comería; además tenía
mucha hambre pues llevaba días y días sin caer bicho alguno en
su red.
-- Cuando despierte
- pensaba Ocho Patas - al
mover Grillito su cuerpo se enredará en la telaraña; y por más
esfuerzos que haga no podrá liberarse de su malla; y entonces
...
8º) Paso
La araña se
relamió de gusto pasando una pata por su boca. En su odio
feroz veía ya: cómo inyectaba el veneno de sus quelíceros,
cómo se licuificaban las partes blandas del grillo y... cómo
ella se las bebía en un santiamén.
Continuó avanzando
hacia Grillito, pero tardaba en llegar más de la
cuenta: su retraso estaba causado por la debilidad tras varios
días sin comer.
En esto estaba
cuando se hizo de día. Y la biblioteca abrió sus puertas
entrando con gran alboroto los jóvenes lectores.
Con el ruido
producido al abrirse la puerta de la biblioteca y la entrada
de lectores, Arañita, que se había dormido en rincón,
se despertó y asustada corrió a su casa materna exclamando:
-- ¡Mamá, ya estoy
aquí, no me riñas!
Su madre, ciega de
tristeza, furor y hambre, ni prestó oídos a su hija, ni se
enteró de su llegada y siguió extendiendo su red.
9º) Paso
También despertó
Grillito y antes de moverse y de darse cuenta,
siquiera, del peligro que representaba la tela de araña para
él, alguno de los lectores retiró de la estantería el libro
que estaba delante de ellos; libro en el que había sujetado su
red la araña, llevándola arrastrada tras él con sus moradores,
Araña y Arañita.
El grillo sintió
el roce del libro sobre la estantería como un espantoso
temblor por lo que, dando un salto, se metió en una grieta que
tenía la pared.
El lector sacudió
el polvo, y las telarañas del libro que cayeron al suelo, con
Ocho Patas y Arañita juntas; por suerte, para
ellas, lo hizo con un plumero sin hacerles ningún daño; al
verse en el suelo, sanas y salvas, corrieron rápidamente a
esconderse en la penumbra.
10º) Paso
Por el hueco, que
el libro había dejado en la estantería, veía Grillito,
desde su escondrijo, a un niño que, sentado a la mesa, leía -
bueno él no sabía lo que era leer - un libro con muchos
dibujos - tampoco entendía de dibujos - de grillos corriendo,
jugando o comiendo en la yerba. Movió la cabeza Grillito:
¡allí estaba su amiguita! y ... ¡sus padres!. Se estiró aún
más; alargó el cuello. Le brillaron los ojos. Se le esponjó el
cuerpo de alegría y, no pudiendo contenerse, llamó:
-- ¡Papá, Mamá!, ¡Grillita, Grillita!
- que en su idioma se dice ¡Gri,
Gri! y ¡Gri, Gri!.
11º) Paso
Luego no supo muy
bien lo que ocurrió. La bibliotecaria se enfadó:
-- Así que habéis
traído un grillo a la biblioteca. Venga, todos fuera, a la
calle. En la biblioteca hay que comportarse como Dios manda y
estar en silencio.
-- Señorita, pero
si nosotros no hemos traído ningún bicho.
-- Nada, nada;
fuera todos.
Y los echó. El
niño que estaba frente a él cerró el libro y se fue con pena
sin poder terminarlo de leer.
Grillito
no se movió del sitio.
12º) Paso
Cuando se hizo el
silencio en la biblioteca Grillito, se atrevió a salir
de su escondrijo. Estaba el salón de lectura vacío.
No se le iba de la
cabeza lo que había visto en el libro.
Saltó hasta la
mesa.
-- ¡Caray! ¿Qué ha pasado?
- dijo pero no con
esas palabras ya que en su habla se pronuncia:
¡cri, cri, cri cri, cri!
-- ¡Qué raro!, ¡si
lo he visto con mis propios ojos!
Allí no había ni
jardín ni grillos. Solo una superficie finísima que le obligó
a deslizarse un buen trecho. Cuando por fin logró pararse fue
sorprendido por una fuerte ovación de muy diversos animales
que estaban en los cantos de los libros y en las revistas del
revistero.
-- ¡Bravo, bravo!
-- ¡Olé por
Grillito!
13º) Paso
Animado por los
aplausos se olvidó del jardín, de sus papás y de su amiga;
repitió el deslizamiento; deslizamiento que adornaba con
rápidos quiebros y giros prolongados: daba vueltas como un
peón. A veces se caía boca arriba y, al intentar levantarse,
daba vueltas y vueltas sobre su espalda; el movimiento de sus
seis patas, con la intención de levantarse, parecían seguir el
compás de los aplausos de los espectadores lo que provocaba
mayor entusiasmo. Cuando conseguía darse la vuelta respiraba
hondo y decía:
-- Venga, amigos,
venir conmigo a bailar.
-- No podemos.
Somos parte de los libros. Pero, tu, baila por nosotros.
Y bailaba y
saltaba y giraba y patinaba cada vez mas animado. El
movimiento le emborrachaba. En esto que no calculó bien y se
cayó de la mesa, ¡vaya porrazo que se dio! Todos los que
admiraban sus movimientos se rieron a mas no poder. Confuso y
avergonzado saltó a esconderse en una zona oscura debajo de la
primera estantería que pilló.
14º) Paso
Cada día que
pasaba en la biblioteca se le hacía menos llevadera su
permanencia en ella. Cada día que pasaba aumentaba su deseo de
volver al jardín; ¡ahora si que estaba harto de dar vuelta y
más vueltas por los rincones de la biblioteca!, ¡y más que
harto, de comer carne! ¡y más que harto de vivir solo, más
solo que la una!; y... sin poder tomar el sol, tumbado a la
bartola, en alguna de esas hojas, tan anchas, a las que,
tanto, le gustaba subir.
Por las noches se
las pasaba cantando y eso cansaba mucho; luego, claro, tenía
que buscar comida; comida que cada vez escaseaba más; ahora se
cuidaban, hasta los más pequeños animalitos, de su presencia,
huyendo a esconderse nada más verlo.
Fácil es
comprender que no había hecho un solo amigo: ni uno tan
siquiera.
15º) Paso
Por el contrario
había tenido dos aventuras peligrosas; en una le dieron un
buen Susto - El Miedo no, porque lo había
vendido, pero el Susto si, pues de él no se había
desprendido: una noche, después de cansarse de cantar,
frotando las alas, se puso a buscar comida trepando por las
paredes.
En esto estaba,
cuando se subió a un animal con alas que estaba pegado a la
pared.
Era muy suave.
De pronto se
encendió una bombilla de la biblioteca y ese animal con alas,
que era una polilla, se despertó con la luz, agitó las alas y,
como les gusta tanto la luz que no pueden resistirse a ella,
emprendió el vuelo con Grillito a cuestas.
16º) Paso
Se agarró como
pudo a sus alas. La velocidad y la altura lo embriagó. Sintió
un gran placer.
En llegando a la
bombilla, la polilla, no hizo mas que dar vueltas y vueltas en
torno a la luz; y nuestro amigo se mareó, cayendo al suelo con
tan mala suerte que fue a dar en el camino por donde pasaba
una fila de hormigas.
Medio mareado por
los giros de la polilla, que aún le duraban, y por el golpe
que se dio al caer, sintió un dolor punzante en una pata, que
tuvo la virtud de volverlo a la conciencia.
Ve que una hormiga
que le ha clavado con sus pinzas una pata; por mas que la
sacude no consigue deshacerse de ella.
Y lo que es peor
aún, por el sendero se acercan, peligrosamente, varios
escuadrones de hormigas en actitud de guerra; lo que le obliga
a dar un salto, alejándose de la trayectoria de las hormigas.
Pero el dolor no
se le va ya que la hormiga no suelta la prenda; Grillito,
ni corto ni perezoso, se la come; sintiendo gran alivio en la
pata y gran regocijo en su estómago hambriento.
17º) Paso
Después de varios
días, el niño que leía cuentos de grillos, ha vuelto a la
biblioteca y ha seguido pasando páginas y páginas que
Grillito mira desde su escondite con ansiedad, con
alegría, con nostalgia y, ¿por que no decirlo?, con una gran
angustia.
Y es que ha creído
ver otra vez el jardín, y otra vez a sus padres, y a su
amiguita e incluso al Grillota al que, por cierto, ya
no tiene manía.
También, ¡oh
desgracia!, contempla horrorizado cómo se llevan unos chinos a
su amiga del alma a otro jardín, encerrándola en una jaula...
la están alimentado muy bien; luego la sueltan frente a un
grillo, que no conoce, para que inicien una pelea;
Grillita y el grillo se miran desafiantes; saben que uno
tiene que morir; comienza la pelea; y su amiga no se deja
amilanar y lucha valientemente; pero sucumbe poco a poco ya
que el contrincante es más fuerte; desfallecida, el campeón se
dispone a cortarle el cuello.
18º) Paso
El grillo asesino
pronto será proclamado "shou lip" (grillo vencedor) y su
nombre será inscrito con letras de oro en rollo de marfil.
-- ¡Qué gracia!, ¡qué digo: qué desgracia!
¡Vivir a costa de la sangre de los demás! -
exclama el grillo en su idioma.
A él no le parece
ni medio bien. Pudo comer en la biblioteca más de un bichito
vivo y sólo ha comido alguno y cuando tenía mucha hambre; ha
vivido, por lo general, de animales muertos y restos de
comidas.
Grillito
no puede contenerse y grita, grita con todas sus fuerzas; mas
que un grito es un aullido feroz: ¡griiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!;
que quiere decir: ¡nooooooooooooooooooo!, ferozmente: hasta
desgarrarse sus élitros. Y se lanza desde su rincón al libro
para defenderla...
En ese preciso
momento, el niño, da por concluida la lectura cerrando de
golpe el libro, espanzurrándolo ¡crac!...
19º) Paso
El joven lector,
que ha creído ver y oír algo, abre el libro frotándose los
ojos: en él cree ver las partes del cuerpo, aplastadas, aun
latiendo y.. sigue frotándose los ojos... moviendo la cabeza
incrédulo.. se recomponen, crecen, se agigantan... cobran
vida, se mueve entre la hierba, junto a su amiga y... José
Ramón se da un golpe en la frente... se ha despertado de
su sueño de grillos; y al abrir los ojos ha visto a los
animales cerca de su cabeza que posaba en el césped de su
jardín como en una almohada junto a su libro.